domingo, 28 de julio de 2013

AVANCES EN MEDICINA REGENERATIVA (II)

UN SOPORTE BIOLÓGICO

La matriz extracelular, un adhesivo natural, podría utilizarse para regenerar músculos, tendones y órganos.



Durante años, los biólogos estuvieron tan centrados en el funcionamiento interno de las células que casi habían ignorado el sistema de adhesión que las mantiene juntas en el organismo, ya sea humano o no. Pero cuando se empezó a estudiar con mayor profundidad la materia que hay entre las células, conocida como matriz extracelular, comenzaron a darse cuenta del enorme dinamismo del conjunto. La matriz no solo proporciona el andamiaje biológico necesario para evitar que los tejidos y los órganos de los animales se desintegren en una masa pegajosa, sino que además libera señales moleculares que, entre otras funciones, ayudan al organismo a curarse a sí mismo.


Basándose en ese conocimiento, los investigadores están desarrollando una nueva aproximación a la ingeniería de tejidos, en la que el poder regenerativo del propio andamiaje de la naturaleza cumple una función estelar. La idea consiste en cultivar matriz extracelular de cerdos, por ejemplo, e implantarla en pacientes que sufren una lesión interna importante (después de extraer los componentes que desencadenarían un ataque destructivo del sistema inmunitario del receptor). La matriz recién colocada liberaría moléculas que atraerían a las células madre semiespecializadas del resto del cuerpo para que rellenasen los diversos nichos y se diferenciasen en el tipo de tejido que debería existir allí. Por último, el enrejado implantado se reemplazaría por proteínas y fibras humanas, con lo que se eliminaría cualquier rastro de su origen animal.


Esa visión se está convirtiendo en realidad a un ritmo increíblemente rápido. Hace menos de una década, los cirujanos empezaron a utilizar la matriz extracelular para reparar hernias abdominales, puntos débiles en los músculos y en el tejido de sostén que rodea los intestinos. En la actualidad, están intentando hacer crecer nuevos tendones dentro del cuerpo y, en un futuro no muy lejano, esperan regenerar los principales grupos musculares e incluso órganos. No es de extrañar que el Departamento de Defensa de los EEUU., con una experiencia desalentadora en el cuidado de soldados que presentan heridas en el pecho, brazos y piernas debido a artefactos explosivos en Irak y Afganistán, financiara muchas de estas investigaciones con decenas de millones de dólares.

CICATRIZACIÓN O REGENERACIÓN

Pocos investigadores se hallan tan bien preparados para impulsar el campo como Stephen Badylak, director adjunto del Instituto McGowan de Medicina Regenerativa en la Universidad de Pittsburgh.


Badylak cree que la matriz extracelular podría resultar de especial interés para los supervivientes de explosiones. El cuerpo de los mamíferos, señala, muestra un número reducido de respuestas ante una lesión. Las heridas pequeñas, como los cortes con el papel, desaparecen después de que las células inflamatorias inunden la zona, combatan la infección y eliminen el tejido dañado. En poco tiempo se produce la regeneración completa de la piel normal (sin cicatriz). Sin embargo, los soldados que sobreviven a un atentado en carretera pueden perder del 20 al 80 por ciento de la masa de un grupo muscular en particular. En estos casos graves, apunta el investigador, la lesión supera la capacidad de reparación del organismo y la brecha se llena con tejido cicatricial denso. Ello permite la conexión entre las partes restantes del tejido, pero también provoca una pérdida de función. En tal situación, la mejor opción tal vez consista en amputar el miembro y colocar al herido una prótesis que le proporcione una mayor amplitud de movimiento.


Badylak y sus colaboradores están empleando matriz extracelular para tratar a 80 de esos pacientes con lesiones musculares graves acontecidas al menos seis meses atrás. Después de un régimen intensivo de fisioterapia, diseñado para asegurar que el cuerpo ha sustituido por sí solo tanto músculo como puede, los cirujanos reabren las viejas heridas, eliminan el tejido cicatricial que se ha formado, colocan el andamiaje biológico y lo adjuntan al tejido cercano sano.


Los resultados preliminares resultan prometedores. Las biopsias de músculo tratado han mostrado los mismos cambios bioquímicos que los investigadores observaron cuando desarrollaron la técnica en animales. Si nada se tuerce, Badylak espera publicar los resultados de los primeros cinco pacientes en los próximos meses. 

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