domingo, 9 de junio de 2013

TRATAMIENTO PARA EL TDH (IV)


TRATAMIENTO PSICOLÓGICO

El tratamiento del TDAH, al igual que otros trastornos psiquiátricos, se fundamenta en los abordajes farmacológicos y/o psicológicos, aunque la combinación de ambos suele ser la mejor opción.

La eficacia de los fármacos está ampliamente reconocida, pero debemos tener en cuenta que suelen actuar sobre el control de los síntomas y que no son tan eficaces sobre el cambio de hábitos, la autoestima o el mantenimiento de la mejoría. Los beneficios más significativos y de mayor duración aparecen cuando se combinan las terapias farmacológicas y psicológicas.


Este último tipo de abordaje, el psicólogo, no ha estado siempre presente en el caso de los adultos con TDAH. Existen diferentes motivos que pueden explicar este hecho. En primer lugar, debemos tener en cuenta que el reconocimiento del trastorno en la vida adulta es relativamente reciente. La presencia de TDAH en la infancia se reconoció hace años, lo que ha permitido que se desarrollen diferentes tipos de intervenciones psicológicas orientadas al trastorno como son las de tipo cognitivo-conductual, las psico-educativas y las sistémicas o familiares. La adaptación de estas intervenciones a la vida adulta no ha sido realizada en su totalidad.


Otro motivo por el que los abordajes psicológicos en adultos se encuentran poco establecidos es la propia naturaleza del trastorno. Las personas afectadas por este trastorno presentan, entre otros síntomas, una dificultad para mantener la constancia en las actividades que inician y la búsqueda de beneficios inmediatos que les gratifiquen. La psicoterapia, como es sabido, requiere de un gran esfuerzo y constancia y sus beneficios pueden ser valorados a medio y largo plazo, pero nunca de manera inmediata.


Finalmente, cabe considerar que algunos de los adultos que no han sido diagnosticdos en la infancia presentan unas particularidades que dificultan el trabajo psicoterapéutico. Han establecido, por lo general, un determinado patrón de funcionamiento adaptado a sus dificultades y cuando han conseguido que la afectación sea mínima, el cambio de hábitos y de patrones funcionales no se convierte en una necesidad prioritaria. En estos casos, el beneficio suele provenir de la confirmación de un diagnóstico que implica la liberación de una creencia sostenida a lo largo de los años: la existencia de una "incapacidad" para determinadas actividades y tareas.



La terapia psicológica para adultos debe cumplir diferentes propósitos. Por un lado, adaptar el entorno del individuo para conseguir que se ajuste a sus posibilidades y minimizar los obstáculos que presenta. Por otro lado, se debe centrar en ayudar al individuo a desarrollar hábitos de conducta y estrategias que te permitan realizar con éxito sus tareas cotidianas, obligaciones, proyectos y planes. Estos dos propósitos llevan implícito un tercero, la disminución de los niveles de ansiedad y de estrés que acompañan a estos individuos.



Las intervenciones psicológicas deben centrarse en los individuos más que en los trastornos. De acuerdo con esta valoración nos encontramos con tantos tipos de intervenciones como sujetos afectados. El TDAH es una enfermedad que puede dificultar el funcionamiento de los sujetos afectados en diferentes ámbitos de la vida. En ocasiones, la afectación puede concentrarse en el ámbito laboral, en el familiar, en el social o bien, en todos ellos a la vez. Ante esta realidad, cuando se plantea realizar una intervención psicoterapéutica debe valorarse en qué ámbito o ámbitos concentrarse. La presentación del trastorno varía en función del sexo del paciente, la edad, la situación personal y laboral del mismo y la presencia de co-morbilidad con otros trastornos.



Uno de los ámbitos en que debe centrarse la terapia para adultos es el ámbito laboral. Los sujetos con TDAH suelen presentar un historial laboral con un elevado número de cambios, que pueden ser motivados por una insatisfacción por parte del sujeto, o bien, por despidos que se basan en equivocaciones, falta de atención, olvidos de citas o clientes, incumplimiento de horarios, falta de entrega de proyectos dentro del calendario establecido o problemas de relación con compañeros o superiores.



La psicoterapia debe focalizar sus esfuerzos en reformar la autoconfianza del sujeto para producir cambios y generar recursos válidos que le faciliten su vida cotidiana. Muchas de las creencias que tienen los sujetos adultos con TDAH provienen de la auguración del fracaso por parte de los otros y de uno mismo.



Otra de las cuestiones a tener en cuenta ante el planteamiento de un abordaje terapéutico, es el conocimiento que el propio sujeto tiene de su enfermedad. Cuando un sujeto adulto acude a un profesional lo hace por diferentes motivos. Puede estar diagnosticado desde la infancia y acudir a un profesional conociendo ampliamente su trastorno.

Una gran parte de adultos tienen hijos a los que se les ha diagnosticado un TDAH y se ven reflejados en ellos. Otros reciben información sobre el trastorno por casualidad y lo relacionan con sus dificultades. Otro grupo de sujetos acuden a una consulta médica indeterminada por malestar o dudas sobre la presencia de algún tipo de trastorno. En estos casos, puede ser que se diagnostique un TDAH de manera correcta, que se confundan los síntomas con otro trastorno o que realmente exista un TDAH, además de otro trastorno.

Cuando un sujeto desconoce que padece un trastorno suele pensar que él es responsable de todas sus dificultades actuales y pasadas. Entiende que no se concentra lo suficiente aunque se lo exijan, que olvida las cosas cotidianas y necesarias una y otra vez, que tiene problemas para manejar el tiempo y planificarse, y lo más grave es que no consigue organizar mejor su tiempo, a pesar de que advierte estas dificultades y las quejas de quienes padecen las consecuencias. Mantiene un estilo de vida desorganizado, no consigue mantener una atención continuada y esto afecta a su entorno, tanto laboral como familiar y social. No tiene control sobre sus palabras, puede reaccionar de manera irascible injustificadamente y toma decisiones importantes de manera impulsiva. Su desorganización afecta a la economía de la familia de manera importante y suele requerir la ayuda de otros para llevarla de la manera más adecuada. Todas estas dificultades son criterios del TDAH, pero el sujeto que las ha estado padeciendo a lo largo de la vida las entiende como características de su personalidad, o bien, no ha conseguido entender por qué actúa de esta manera. De la misma forma, su entorno familiar, laboral y social se ve perjudicado por la desorganización del sujeto pero, probablemente, el sufrimiento mayor se debe de nuevo al desconocimiento de lo que le ocurre a su pareja, compañero o amigo.



Existen diferentes terapias psicológicas que se pueden aplicar a los adultos con TDAH (ver la siguiente tabla). Las más conocidas son las intervenciones psico-educativas y el tratamiento cognitivo conductual.

Otro tipo de terapias se han desarrollado originalmente para el tratamiento de otros trastornos psiquiátricos, como por ejemplo el tratamiento de prevención de recaídas que se utiliza en los trastornos por dependencia de sustancias. Para los pacientes con TDAH y consumo de sustancias se aplica una versión de este tratamiento. Otro ejemplo sería la terapia dialéctica-conductual, de elevada eficacia en el tratamiento del Trastorno Límite de Personalidad, que también se aplica a los pacientes que presentan la co-morbilidad TLP y TDAH.



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