lunes, 30 de abril de 2012

ENFERMEDADES DEL HÍGADO Y DEL PÁNCREAS (IV)

HEPATITIS CRÓNICAS Y CIRROSIS
HEPATOCARCINOMA

¿QUÉ SON LA HEPATITIS CRÓNICA Y LA CIRROSIS?




Un 5% de las hepatitis agudas por virus B y un 70% de las hepatitis agudas por virus C se hacen crónicas, es decir, cursan durante un período largo de tiempo, incluso durante muchos años. En la población española hay un 1% que padece hepatitis por virus B crónica y un 2% hepatitis por virus C crónica.

También se puede desarrollar hepatitis crónica a causa de la ingesta excesiva y continuada de bebidas alcohólicas. Pero crónico no es sinónimo de incurable ni de intratable. En el ámbito de la hepatitis, se identifican como crónicas cuando después de 6 meses de infección la hepatitis por virus no se ha curado o cuando las alteraciones provocadas en el hígado por alcohol no se resuelven completamente después de un período prolongado de abstención del tóxico.

En la fase de cronicidad, la hepatitis no suele dar síntomas significativos durante muchos años. Se puede detectar, porque se conoce la existencia de la fase aguda de la enfermedad y han pasado 6 meses sin curarse. Sin embargo, lo más frecuente es hacer el diagnóstico con motivo de los análisis realizados en una revisión por otras causas (revisión de empresa, intervención quirúrgica, etc...) en que aparecen transaminasas discretamente elevadas (2-5 veces por encima de los valores normales) que obligan a investigar su causa. La historia clínica recoge a veces un antecedente de hepatitis, aunque suele ser por virus A -que no es responsable de la hepatitis crónica- y también puede recoger la existencia de hábitos tóxicos, como la toma social y continuada de alcohol, que puede llegar a provocar hepatitis crónica, algunas veces, desgraciadamente, como paso previo a la cirrosis.



La OMS (Organización Mundial de la Salud) acepta como máximo tolerable de alcohol 20-30 gramos/día en la mujer y 40/50 gramos/día en el hombre. El cálculo de los gramos de alcohol se obtiene multiplicando los grados por cada 100 mililitros por 0,8 (densidad del alcohol). Así, por ejemplo, una botella de un litro de vino de mesa de 12º tiene 96 gramos de alcohol (resultado de multiplicar 12 grados/100 mililitros de vino x 10, ya que la botella es de 1.000 mililitros x 0,8).  Para desarrollar cirrosis por alcohol, se considera que el tiempo mínimo para originar la enfermedad es de 10 años de ingesta continuada de este tóxico en cantidades que superen los considerados por la OMS como máximo tolerable.

Las hepatitis crónicas y, por tanto, las cirrosis se producen por:
  • Virus C (representan el 40% de todas las hepatitis crónicas ). Aproximadamente el 20% de los pacientes con hepatitis crónica por virus C desarrollan cirrosis.
  • Alcohol (40%). El abuso de alcohol provoca en primer lugar el llamado "hígado graso", que en algunos casos (sobre todo en los que el abuso de alcohol es especialmente intenso), evoluciona a una hepatitis alcohólica. De estos últimos casos, el 20% acaban en cirrosis, sobre todo en pacientes mal nutridos.
  • Virus B (10%). Algunos pacientes con infección crónica por virus B desarrollan cirrosis, sobre todo aquellos que tienen hábito de consumir alcohol.
  • Hay otras causas numéricamente menos importantes (10%):
      • Depósitos de grasa (esteatosis) por diabetes, aumento del colesterol y los triglicéridos, obesidad y ciertas enfermedades del tiroides;
      • Enfermedades congénitas como hemocromatosis (depósito anormal de hierro en hígado); enfermedad de Wilson (depósito anormal de cobre); defecto congénito de algún fermento, como el déficit de alfa-1 antitripsina;
      • Autoinmunidad, es decir, formación de anticuerpos que agreden, equivocadamente, a su propio hígado).



Después de varios años de inflamación, el hígado restaura las células hepáticas destruidas por los virus o por el alcohol y las substituye por tejido fibroso (cicatrices). Cuando la fibrosis es importante y las numerosas cicatrices se unen entre sí formando una malla que divide al hígado y deja nódulos de células hepáticas que tienen una actividad normal, nos encontramos en la fase inicial de la cirrosis hepática. 



Cuando el tejido fibroso llega a ser predominante en el hígado, éste empieza a funcionar deficientemente y su actividad disminuye, dando lugar a insuficiencia hepática y a la posibilidad de que aparezca ictericia y/o astenia.



Además, la fibrosis endurece al hígado provocando una resistencia mayor al paso de la sangre, lo que condiciona la aparición de dilatación de las venas interiores del abdomen que, por un lado, provocan un aumento de presión en el interior de la vena principal del hígado, la porta (por ello, se llama hipertensión portal). La sangre busca un drenaje alternativo para llegar al corazón a través de otras venas en el esófago que, en un principio son delgadas, pero que se van dilatando con el paso del tiempo. Se llaman varices esofágicas, tienen un cierto-riesgo de romperse y originar una de las complicaciones más temidas de la cirrosis, la hemorragia digestiva.

HIPERTENSIÓN  PORTAL

La hipertensión portal también provoca un aumento del tamaño del bazo y retención de líquido en el abdomen (ascitis). El bazo tiene la misión, entre otras, de eliminar las plaquetas más antiguas, pero cuando está aumentado elimina más de las debidas y, por tanto, disminuye su número en la sangre. Las plaquetas colaboran en el proceso de coagulación de la sangre y, por ello, los pacientes con cirrosis tienen una coagulación alterada, que habitualmente no va más allá de la aparición de hematomas, sangrado de la nariz ante traumatismos leves, o sangrado de encías al cepillarse los dientes.

El hígado se ha llamado correctamente el laboratorio del organismo, ya que se encarga de transformar las sustancias nutritivas que le llegan de la absorción intestinal en otras capaces de ser utilizadas por diversos órganos y tejidos. Además, el hígado produce sustancias como proteínas y algunos de los factores de coagulación. En el hígado con cirrosis puede haber un déficit de proteínas y una disminución de algunos factores de coagulación, lo que unido al menor número de plaquetas, hace que el paciente tenga hematomas y las heridas le sangren más de lo habitual.

Además, el hígado puede captar y transformar en inofensivas ciertas sustancias tóxicas, unas ingeridas y otras procedentes de la luz intestinal (por ejemplo, el amonio), eliminándolas con la bilis. Cuando el hígado está alterado por la cirrosis, la labor de desintoxicación es incorrecta, y aparecen ciertos síntomas, como disminución de la atención, temblores, e incluso una disminución importante del nivel de conciencia. Este proceso se denomina encefalopatía hepática y puede ser desencadenado por una infección (la más frecuente de orina), por estreñimiento o por la toma no controlada de sedantes o ansiolíticos.



Se han enumerado los posibles síntomas que pueden aparecer en los pacientes con cirrosis avanzada. Sin embargo, esta enfermedad puede existir en los sujetos durante años e incluso décadas sin dar síntomas, es decir, que los afectados siguen haciendo vida normal y desconociendo que padecen esta enfermedad. El paso de la hepatitis crónica a la cirrosis es lento y durante mucho tiempo la enfermedad no presenta prácticamente síntomas; es la llamada cirrosis compensada.

¿QUÉ SÍNTOMAS TIENEN LOS PACIENTES CON HEPATITIS CRÓNICA Y CIRROSIS?

La hepatitis crónica es con frecuencia asintomática, aunque a veces puede dar algunos síntomas tan poco específicos como un poco más de cansancio del habitual al final del día. La hepatitis crónica no produce dolor. Por este motivo, una gran parte de las hepatitis crónicas se ponen de manifiesto a través de las alteraciones demostradas en los análisis realizados por otros motivos.

PACIENTE CON ASCITIS
DEBIDO A UNA CIRROSIS HEPÁTICA

La cirrosis hepática también transcurre durante períodos largos de tiempo sin dar síntomas, ya que la destrucción del tejido hepático noble es muy lenta. Se sabe que hasta que el 80% no desaparece y se transforma en fibrosis, no empiezan a aparecer síntomas: cansancio al final del día, pérdida discreta de peso, días con décimas de fiebre sin causa aparente, etc... La cirrosis no produce dolor. Conforme avanza el proceso, se pueden constatar algunos trastornos endocrinos, como impotencia y ginecomastia (aumento del tamaño de las tetillas) en el hombre y falta de menstruación en la mujer.

Ya se ha indicado que los pacientes con cirrosis tienen frecuentes hematomas debidos a los defectos de la coagulación y a la disminución del número de plaquetas.

VARICES  ESOFÁGICAS


Con el paso de los años, pueden aparecer alteraciones en la función del riñón, con disminución del volumen urinario y acumulación de líquidos, que es más evidente en los tobillos y también en el abdomen (ascitis), como consecuencia de la hipertensión portal. 



Los pacientes con varices esofágicas pueden tener hemorragias digestivas -vómitos de sangre rojo-negruzca y deposiciones negras llamadas melenas- que necesitan ingreso hospitalario urgente.


Hay otros síntomas que indican una cierta gravedad, como cambios de carácter, pérdida de memoria, dificultad para contestar preguntas sencillas y despreocupación por el aseo personal. El paciente está entre somnoliento y agitado, a veces realiza acciones incomprensibles (por ejemplo orinar fuera del cuarto de baño).

En fases avanzadas, puede incluso tener una pérdida total de conciencia (coma por encefalopatía hepática).

Las infecciones son frecuentes en la cirrosis y particularmente importante es la infección de la ascitis, que ocasiona dolor abdominal y fiebre (peritonitis bacteriana espontánea). Las infecciones suelen ser desencadenantes de encefalopatía hepática.

No es infrecuente que en las fases finales de la enfermedad se superpongan varias de estas complicaciones, y que unas desencadenen otras. Así, por ejemplo, una hemorragia digestiva, provoca una hipotensión que empeora la función de riñón y acumula más ascitis. A su vez, la presencia de sangre en el tubo digestivo provoca un aumento del amonio en la sangre (uno de los responsables de la encefalopatía hepática), etc...

HEPATOCARCINOMA

El hepatocarcinoma o hepatoma (tumor hepático) aparece ligado a la historia natural de la cirrosis. Cuando son menores de 5 cms. tienen varias posibilidades terapéuticas que llevan a su curación. El diagnóstico en esta fase sólo se consigue, cuando se efectúen exploraciones (fundamentalmente, ecografía abdominal) de manera sistemática en todos los pacientes con cirrosis con una periodicidad media de cada 6-12 meses. Gracias a ello, se logra diagnosticar hepatocarcinomas en pacientes prácticamente asintomáticas. Hacer el diagnóstico cuando el tumor presenta  síntomas (dolor, incremento de ictericia, pérdida de peso, etc...) no tiene utilidad, porque las posibilidades terapéuticas son nulas.

sábado, 28 de abril de 2012

REANIMACIÓN CARDIO PULMONAR (RCP)





INICIO Y FIN DE LA RCP

  • Inicio: está indicado que se realice una RCP (Reanimación Cardio Pulmonar) a toda persona que esté inconsciente y no respire con normalidad, e inmediatamente después de detectar el paro durante la exploración primaria de la víctima, excepto que:
      • La víctima presente lesiones incompatibles con la vida.



  • Final: sólo se interrumpirán las maniobras de RCP (Reanimación Cardio Pulmonar) en los siguientes casos:
      • Una vez recuperada la respiración espontánea en la víctima.
      • Cuando llegue la ayuda especializada que se haga cargo de la víctima.
      • Por extenuación del primer actuante sin que haya otra alternativa posible.

En principio, la PCR (Parada Cardio Respiratoria) es una situación que se ha de resolver en el mismo lugar donde se inició.

REANIMACIÓN CARDIO PULMONAR BÁSICA 
EN ADULTOS




La RCP básica en adultos se aplicará en personas adultas, es decir, a partir de la pubertad. La reanimación también se puede practicar con éxito en niños y niños utilizando la misma secuencia que con los adultos, pero adaptando las compresiones a la edad y al tamaño del infante.

1.- Aproximación a la víctima:

Aproximación. Debemos garantizar un mínimo de seguridad antes de iniciar estas maniobras, asegurando el lugar de los hechos y comprobando que:
  • No haya peligro para el primer actuante que efectúa la aproximación.
  • No haya peligro adicional para la víctima.
  • No haya peligro para terceras personas.

POSICIÓN DEL REANIMADOR




Arrodillado en posición estable, a un lado de la víctima, a la altura de sus hombros, lo cual permitirá efectuar todas las maniobras de la reanimación sin modificar la posición.

2.- Valorar el nivel de conciencia:

Determinar el estado de consciencia hablando y moviendo a la víctima ligeramente por los hombros. Debemos buscar la respuesta de la víctima. Se le puede preguntar si está bien, si puede respirar, que nos diga dónde se encuentra, si sabe que día de la semana es, etc...

  • Víctima consciente
Nos encontramos delante de una víctima consciente si obtenemos algún tipo de respuesta (habla, grita, se mueve, etc..). Si es así, seguiremos los puntos siguientes:
  • Preguntarle qué le ha pasado.
  • Dejarla en la posición que se encuentra, preferiblemente.
  • Buscar signos de hemorragia y shock.
  • Efectuar una exploración sistematizada (exploración secundaria) en la búsqueda de lesiones, moviendo lo menos posible al herido, para evitar la gravedad de posibles lesiones existentes.
  • Continuar controlando periódicamente el estado de concienca de la víctima.
  • Telefonear solicitando ayuda si es necesario. No exponerse a peligros innecesarios.

  • Víctima inconsciente
La víctima está inconsciente si no se obtiene ninguna respuesta, y entonces debemos llamar pidiendo ayuda, activar el entorno para que alguien pueda llamar al sistema de emergencias (112). No se ha de abandonar a la víctima.




  • Posición de la víctima
Con la víctima inconsciente, lo más prioritario es abrir la vía aérea y asegurar la presencia de respiración, por lo cual, si la posición en que se encuentra la víctima dificulta las maniobras de reanimación, será importante colocarla en la posición adecuada.




Para realizar una valoración correcta y abrir la vía aérea, la situaremos cara arriba (decúbito supino) sobre su espalda, en una superficie lisa, plana y dura, y con los brazos a lo largo del cuerpo, manteniendo en la medida de lo posible la máxima alineación del cuerpo, o al menos del eje cabeza- tórax.

3.- Obertura y mantenimiento de la vía aérea:

Hemos de sospechar que toda víctima inconsciente presenta obstrucción de la vía aérea superior como consecuencia de:
  • Falta de tono muscular, que hace que la lengua y las estructuras de la faringe caigan hacia atrás y obstruyan el paso del aire. Es la causa más frecuente con diferencia.
  • Presencia de cuerpos extraños.






Para conseguir la obertura de la vía aérea se recomienda la maniobra llamada "frente-mentón" o "frente-barbilla", que se realiza:





  • Colocando una mano en la frente y empujando la cabeza hacia atrás con atención.
  • Aplicando los dedos índice y corazón (dedos 2º y 3º) de la otra mano debajo de la barbilla, desplazándola hacia arriba y adelante.
Con esta maniobra se produce la extensión de la cabeza y el desplazamiento de la mandíbula hacia arriba y adelante, lo cual ocasiona elevación de la lengua respecto de su base, y permite el paso del aire. En algunos casos esta maniobra es suficiente para que personas que no podían respirar por causa de la posición de la cabeza, la lengua y estructuras anexas puedan volver a hacerlo de manera espontánea.

4.- Determinar la existencia de parada cardiorespiratoria:

Una vez abierta la vía aérea con la maniobra "frente-mentón", y manteniéndola axí en todo momento, hemos de comprobar si hay una respiración NORMAL. Debemos observar y mirar si se mueve el pecho, sentimos el aire en nuestra cara y escuchamos los sonidos que pueda emitir la víctima con la respiración, durante un máximo de 10 segundos. Por eso:
  • Nos arrodillaremos mirando hacia el tórax de la víctima.
  • Acercaremos nuestra cara a la boca de la víctima, para observar la presencia de movimientos torácicos y notar la salida de aíre expirado.




En definitiva ver si el tórax se eleva, escuchar y sentir (notar) la salida de aire exhalado durante unos 10 segundos. La presencia de respiración a trompicones o agónica NO SE CONSIDERA RESPIRACIÓN NORMAL.
  • Si la víctima respira normalmente:
      • Debemos colocarla en posición lateral de seguridad.
      • Comprobar regularmente el estado de la víctima (consciencia y respiración).
      • Abrigar a la víctima para evitar pérdida de calor corporal.
  • Si la victima no respira normalmente:

5.- Avisar al 112:
  • Si no estamos sólos, hacer que alguien llame al 112 (asegurarnos de que sabe qué información ha de transmitir).
  • Si estamos sólos, avisar al 112 (abandonar a la víctima si es necesario); cuando se regrese iniciar rápidamente las maniobras de reanimación (compresiones torácicas y ventilaciones).
6.- Iniciar compresiones torácicas:




El objetivo es realizar compresiones rítmicas en el medio del pecho, con lo que se consigue provocar la salida y entrada de sangre desde el corazón y los grandes vasos del tórax, hacia el resto del organismo.








Debemos seguir los siguientes pasos:
  1. Arrodillarnos, es una posición estable, al lado de la víctima a la altura de su pecho.
  2. Colocar el talón de una mano sobre el esternón a la altura del CENTRO DEL PECHO de la víctima.
  3. Colocar el talón de la otra mano encima de la primera.
  4. Entrecruzar los dedos de las manos con el objetivo de no aplicar presión sobre las costillas de la víctima, apoyando sólo el talón de la mano y aprovechando el peso de nuestro tórax gracia al soporte de la segunda mano. No aplicar presión sobre la parte superior del abdomen o la punta del esternón (extremo inferior).
  5. Colocarse con los brazos rectos y los codos bien estirados, verticalmente, sobre el pecho de la víctima.
  6. Comprimir el esternón con una profundidad de 4-5 cm.
  7. Después de cada compresión, liberar la presión del tórax sin que se pierda el contacto entre vuestras manos y el esternón de la víctima.
  8. Realizar 30 compresiones torácicas.

      • La compresión y la descompresión han de durar lo mismo.
      • El ritmo recomendado es de 100 por minuto (un poco menos de 2 compresiones por segundo).
      • Aprovechar el peso de vuestro tórax, para evitar cansaros rápidamente.




En caso de niños/niñas, hay que realizar la compresión con el talón de una o dos manos según las características del infante y del reanimador. Y en un lactante se ha de hacer con dos dedos.




Aplicaremos una profundidad equivalente a un tercio del diámetro del tórax, preferentemente en el tercio inferior del esternón, aunque también es correcto en el centro del tórax.





Combinar las compresiones torácicas con la ventilación boca a boca.

7.- Iniciar ventilación artificial:




Se ha demostrado que, en ausencia de respiración normal espontánea, el método de ventilación artificial con aire expirado (boca a boca) es el más sencillo y eficaz. El aire exhalado tiene una cantidad de oxígeno alrededor del 16-18%, suficiente para mantener la oxigenación de los órganos vitales durante algunos minutos. Al cabo de 30 compresiones torácicas, abriremos de nuevo la vía aérea utilizando la maniobra frente-barbilla o frente-mentón y realizaremos una insuflación boca a boca, de la manera siguiente:
  1. Tapar la nariz de la víctima, cerrándolo con el índice y el pulgar y apoyando la mano en su frente. Permitir que se le obra la boca manteniendo elevada la barbilla de la víctima.
  2. Inspirar una vez y colocar los labios alrededor de la boca de la víctima, sellándolos para evitar fugas de aire.
  3. Insuflar el aire a la boca de la víctima a un ritmo constante, todo ello con la observación de la elevación del tórax o el pecho. La insuflación ha de durar aproximadamente un segundo; de esta manera se realiza una ventilación boca a boca efectiva.
  4. Manteniendo la vía aérea abierta, destapar la nariz, retirar vuestra boca de la de la víctima y observar si el tórax baja cuando expira el aire. Inspirar normalmente y insuflar aire a la boca de la víctima otra vez más.






Si la ventilación boca a boca inicial no hace que el pecho de la víctima se eleve como en una respiración normal, antes de intentarlo otra vez:
  • Volver a comprobar que su barbilla esté elevada y su cabeza en extensión (maniobra frente-mentón).
  • Comprobar VISUALMENTE que no haya nada en la boca de la víctima que obstruya su ventilación.
  • HACER SÓLO DOS insuflaciones cada vez, no intentar hacer más antes de volver a las compresiones torácicas.
  • No manipular la cavidad bucal si el cuerpo extraño no es visible y fácilmente extraíble. No hacer una exploración ni manipulación a ciegas.
  • Volver a iniciar las compresiones torácicas sin demora.

  • Otros aspectos a tener en cuenta:
      • Parar el proceso sólo si sospechamos que la víctima comienza a respirar normalmente; en caso contrario, no interrumpir la reanimación.
      • Si hay más de un reanimador presente, deberían relevarse cada 2 minutos para hacer la RCP y evitar el agotamiento. No obstante, los relevos han de ser lo más rápido posibles. Estudios recientes demuestran que en una RCP básica extrahospitalaria, el relevo cada dos minutos por parte de dos primeros actuantes es mucho más eficaz que cuando ambos lo hacen de forma simultánea.
También se ha demostrado que la eficacia de la RCP mejora de forma significante cuando otro primer actuante o un testimonio controla el tiempo (dos minutos).
  • Si estamos sólos, o no podemos controlar el tiempo, y a modo orientativo, 2 minutos equivalen aproximadamente a 5 ciclos de 30 compresiones / 2 ventilaciones.

  • Si el reanimador no puede, o no quiere, hacer la respiración boca a boca, se han de realizar sólo las compresiones torácicas. Han de ser continuadas y a un ritmo de 100 por minuto.
  • Existen circunstancias en que no se puede realizar el boca a boca (heridas en la boca, etc...) y entonces debemos utilizar el procedimiento boca-nariz, cerrando la boca de la víctima e impulsando el aire a través de su nariz, con lo cual también conseguiremos que llegue aire a los pulmones. También hay la posibilidad de boca-estoma en víctimas laringectomizadas, si bien en ambas situaciones la eficacia de las ventilaciones puede ser menor. Debemos recordar que no se ha de estar más de un segundo por ventilación y que lo más prioritario es iniciar el movimiento de la sangre por medio de las compresiones torácicas.
  • Se recomienda utilizar dispositivos de barrera para hacer la ventilación, pero el hecho de no tenerlo no ha de implicar que no se inicien inmediatamente las maniobras de reanimación.
  • Si la víctima recupera la respiración espontánea, pero continúa inconsciente, la colocaremos en PLS (Posición Lateral de Seguridad), y continuaremos alerta por si se produce una nueva parada respiratoria y debemos reiniciar las compresiones torácicas y la ventilación artificial.

8.- Combinación entre compresiones torácicas e insuflaciones:

Se han de efectuar las técnicas de ventilación y masaje con una corrección extrema, a la vez que las alternamos entre ellas con la frecuencia necesaria para conseguir así bombear un volumen de sangre que permita una correcta oxigenación cerebral y del mismo corazón.

9.- Mantenimiento de la reanimación:

La reanimación continúa hasta que:
  • Llegue la ayuda profesional que nos releve.
  • La víctima se recupere y comience a respirar con normalidad.
  • O nos encontremos exhaustos.

RCP HUMORÍSTICA
DE 
MR. BEAN


LO QUE NUNCA DEBE HACERSE

jueves, 26 de abril de 2012

PSICODÉLICOS O ALUCINÓGENOS



Las plantas y algunas sustancias químicas son unas de las más pintorescas y controvertidas de todas las drogas. Algunos consumidores las han recomendado con entusiasmo y sostienen que son la clave para poder comprender nuestras mentes y el origen de nuestros sentimientos religiosos. Muchos de quienes no las usan, las temen y las consideran agentes peligrosos capaces de llevar a la gente a la locura y al suicidio.

PEYOTE



Tan candente es el debate sobre si estas drogas son buenas o malas, que hasta resulta difícil encontrar un nombre neutral para definirlas. Cuando en la década de los 50 llamaron por primera vez la atención de los científicos de Europa y Norteamérica, se las llamó "psicótico-mimético", en la creencia de que producían estados temporales de locura (los psiquiatras reconocen hoy que las psicosis y los estados que producen estas drogas son cosas muy diferentes).

HONGOS


A muchos de los sujetos, que se prestaron voluntariamente para las primeras investigaciones de estas drogas, les entusiasmaron los efectos. En contra de los médicos que estudiaban, las creyeron beneficiosas y solían querer repetir las experiencias con sus amigos fuera del laboratorio. A medida que el número de devotos de tales drogas fue creciendo, buscaron un nombre más atractivo para ellas y crearon el de "psicodélicos" -palabra acuñada del griego que quiere decir "descubridor de la mente"-. La implicación era que la droga permite el desarrollo de potenciales no utilizados de la mente humana.

AMANITA MUSCARIA



Al mismo tiempo, en medicina se empezó a usar para los mismos compuestos la palabra "alucinógeno", que quiere decir "generador de alucinaciones". Dado que las alucinaciones son manifestaciones frecuentes de la esquizofrenia, la denominación implica la sugerencia de que el estado que produce la droga es anormal y malsano. Y la batalla de los nombres sigue aún. En este blog usaremos indistintamente las palabras "psicodélico" o "alucinógeno".

El cornezuelo que crece en el centeno. Las negras y duras espuelillas
del hongo reemplazan al grano y contienen varias drogas, incluido el
ácido lisérgico, precursor del LSD

LSD

Las sustancias de esta clase tienen probablemente los más bajos potenciales de llevar al abuso de droga psicoactiva alguna. Los psicodélicos no matan, ni siquiera en enormes sobredosis. Mucha gente los toma con frecuencia durante toda su vida sin sufrir daños físicos ni dependencia. En manos expertas pueden incluso producir espectaculares curas de enfermedades físicas y mentales. Y, sin embargo, estas mismas drogas pueden causar las más aterrorizadoras experiencias posibles de imaginar y dejar cicatrices psicológicas de larga duración.



Los pueblos primitivos descubrieron plantas alucinógenas y las empezaron a usar en tiempos prehistóricos. Aunque existen muchas de estas plantas, la mayoría de ellas se concentra en Norteamérica y Sudamérica. Su uso es más frecuente entre los indios de México y Colombia. Muy pocos psicodélicos naturales proceden del Viejo Mundo y su uso tradicional es muy raro. El principal psicodélico del Viejo Mundo es una planta llamada "iboga", de cuyas raíces se prepara una bebida que toman en rituales religiosos algunas tribus del África Occidental.



Por el contrario, cientos de tribus indias del Nuevo Mundo utilizan docenas de plantas alucinógenas en las zonas tropicales de Norteamérica y Sudamérica. Entre estos pueblos el uso de los alucinógenos está ligado a prácticas mágicas, médicas y religiosas, en particular las relacionadas con la religión primitiva llamada chamanismo. En el chamanismo, individuos con entrenamiento especial intentan controlar las fuerzas del bien y del mal dentro de la comunidad tribal, a través de la comunicación entre el mundo humano y el espíritu del universo. Para ponerse en contacto con el espíritu universal, los chamanes alcanzan estados alterados de conciencia, con frecuencia mediante el uso de plantas alucinógenas. Los chamanes (o los médicos hechiceros) toman también psicodélicos para conseguir visiones que después utilizan con el fin de localizar personas u objetos perdidos y diagnosticar enfermedades. A menudo tratan enfermedades administrando a los enfermos plantas psicodélicas. En algunas tribus, numerosas personas consumen la droga en reunión, por lo general en rituales grupales de búsqueda de visiones.



Muchas plantas alucinógenas tienen sabor amargo y, cuando empieza a actuar la droga, causan náuseas, vómito y otros síntomas físicos desagradables. Después inducen estados no usuales de conciencia y visiones fantásticas, que se "ven" con los ojos cerrados. Sin embargo, las visiones y otros cambios de la sensación parecen en gran medida consecuencia de la manera de ingerir estas plantas y no ocurren en modo alguno de forma constante. Es mucho más probable que experimenten estas visiones los indios que creen en la importancia de tales visiones, comen las plantas alucinógenas por la noche alrededor de fogatas y cantan y oran bajo la dirección de expertos chamanes, que quienes no son indios y comen las mismas plantas sólo con propósitos recreativos. En verdad, los efectos mentales de los psicodélicos dependen esencialmente de la actitud y el ambiente; es decir, de quien los toma, de por qué se los toma y de cómo se toman los psicodélicos.



Los efectos físicos son más constantes, porque todas las drogas alucinógenas tienen algunas acciones farmacológicas en común. Todas ellas son por ejemplo en alto grado estimulantes y causan intensa actividad cerebral y vigilia. Y también todas ellas estimulan el sistema nervioso simpático, produciendo intensa dilatación pupilar, sensación de revoloteo en el estómago y sensación de frío en las extremidades. Los diferentes psicodélicos difieren sobre todo en la duración de su efecto y en la rapidez con que el efecto llega.



Estas sustancias caen dentro de dos grandes familias químicas. La primera, la "indólica", contiene una estructura molecular conocida como el anillo o núcleo indólico y se relaciona con hormonas que produce en el cerebro la glándula pineal. Las drogas de la segunda familia carecen del núcleo indólico. En su lugar se parecen estrechamente a la molécula de adrenalina y a las anfetaminas.



miércoles, 25 de abril de 2012

ENFEMEDADES DEL HÍGADO Y DEL PÁNCREAS (III)



¿QUÉ DIETA, RÉGIMEN DE VIDA Y TRATAMIENTO SE ACONSEJA EN LAS HEPATITIS AGUDAS?



HEPATITIS AGUDA POR VIRUS A



No son necesarias restricciones alimenticias. Quizás, ante los primeros síntomas y durante los primeros días con ictericia las grasas pueden ser mal toleradas y, por ello, es conveniente evitarlas. Son mejor toleradas las comidas poco abundantes y más seguidas (comer poco y a menudo). Es muy recomendable no tomar alcohol.

Las dos o tres primeras semanas, en que hay astenia, es conveniente el reposo en cama, pero no hace falta que sea estricto y el paciente puede levantarse para las comidas, higiene personal, etc... La enfermedad no tiene tratamiento específico, pero se cura sola en unas semanas y no se cronifica.

HEPATITIS AGUDA POR VIRUS B



Los pacientes con hepatitis aguda por virus B no deben tomar alcohol, ya que se corre un mayor riesgo de que la hepatitis se haga crónica. Sin embargo, no es necesario seguir una dieta especial, ya que no se ha demostrado que algún alimento la mejore o empeore. Los huevos tienen mala fama; se dice que "sientan mal para el hígado", pero no es cierto. Por tanto, después de los primeros días en que no se toleran bien las grasas, los pacientes pueden tomar con tranquilidad una buena tortilla de patata y cebolla cocinada con poco aceite, por ejemplo.

Hay tratamientos específicos para la hepatitis aguda por virus B que siempre debe valorar el médico. Los dos fármacos más utilizados y eficaces son el interferon-alfa y Iamivudina. El tratamiento es largo, con efectos secundarios notables que requieren un seguimiento especial por parte del médico, pero consideran erradicado el virus en el 80% de los pacientes.

HEPATITIS AGUDA POR VIRUS C



Los pacientes con hepatitis aguda por virus C pueden y deben hacer dieta normal con abstención absoluta de alcohol, ya que su consumo condiciona un mayor riesgo de pasar a hepatitis crónica y de esta a cirrosis.

En la fase primera, en que hay más cansancio, es conveniente un reposo relativo en cama. Hay un tratamiento específico con inyecciones de interferon pegilado, una por semana, y un comprimido al día de ribavirina, durante 6-12 meses. El tratamiento antiviral (generalmente tratamiento combinado con interferon pegilado más ribavirina) de la hepatitis en fase aguda obtiene un notable éxito: erradica el virus y, por tanto, cura la enfermedad en alrededor del 80% de los pacientes, aunque con bastantes efectos indeseables. Este tratamiento debe ser siempre indicado por el médico, quien además realizará un control estricto.



NOTAS IMPORTANTES
  • La hepatitis aguda es una inflamación del hígado producida por diversos agentes (sobre todo virus, pero también algunos tóxicos y fármacos) que le agreden.
  • Pueden ser poco sintomáticas (se confunden con una gripe). Otras veces, dan intenso cansancio (astenia), que imposibilita llevar una vida normal. A veces se acompañan de dolor articular y muscular, picor y fiebre. Pueden dar coloración amarilla de la piel (ictericia), más visible alrededor de los ojos, la orina es más oscura (colúrica) y las heces son blanquecinas (acolia).
  • Los agentes causantes de las hepatitis agudas pueden ser virus, algunos específicos como los virus A, B y C de la hepatitis y otros inespecíficos: tóxicos (sobre todo el exceso de alcohol) y, esporádicamente, algún medicamento.
  • El diagnóstico se hace por medio de análisis de sangre en que hay transaminasas altas (más de 10 veces la normalidad). Cuando su causa es un virus se puede conocer su tipo, mediante pruebas de análisis serológicos de los anticuerpos contra los virus A, B y C. También se pueden hacer un análisis de los virus sobre, todo para el control de los tratamientos antivirales.
PREVENCIÓN
  • Para el virus A en países en vías de desarrollo, evitar alimentos crudos, aguas no embotelladas, hielo, marisco, etc...
  • Para los virus B y C en que la transmisión es por sangre, se debe evitar compartir jeringuillas, cuchillas de afeitar, cortauñas, y hay que tener cuidado con la acupuntura, los tatuajes y los "piercings".
  • Hay vacunas contra el virus A y B.
TRATAMIENTO
  • No hay que hacer una dieta especial, pero sí hay que evitar absolutamente el consumo de alcohol.
  • Reposo relativo los primeros días.
  • En el caso de los virus B y C, hay tratamientos específicos que siempre ha de indicar y controlar el médico y que consiguen erradicar el virus y por tanto curar la enfermedad en alrededor del 80% de los pacientes.