miércoles, 29 de febrero de 2012

EL CORAZÓN (XV)

EL PRIMER TRASPLANTE

HOSPITAL DE LA SANTA CREY I SANT PAU
Septiembre de 1981;el Dr. Juan Nolla, director médico del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, organizó una reunión de médicos interesados en trasplantes de órganos para decidir la estrategia a seguir por el centro. Participaban urólogos y nefrólogos de la Fundación Puigvert, y algún cirujano general, todos habían expresado con anterioridad al Dr. Nolla el deseo de realizar un programa de trasplante de corazón.



Se habló de muchas cosas, pero en el recuerdo está que el Ministerio de Sanidad había solicitado que se le informara del tipo de trasplantes que se querían realizar en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau para poder autorizarlos.

Se solicitó permiso para realizar trasplantes de corazón y nunca se recibió un no por respuesta. La comisión de trasplantes se reunió periódicamente, y en la reunión de finales de 1983 se hizo saber que se estaba ultimando los detalles para, en un futuro próximo, iniciar un programa propio de trasplantes de corazón.

Lejos quedaban los intensos trabajos en el laboratorio de cirugía experimental en perros que el Dr. Antonio Caralps i Massó, había montado con el dinero de su bolsillo, dinero particular, en unas habitaciones de los sótanos del Sanatorio de Terrassa, hospital al que acudía por las mañanas para practicar cirugía pulmonar y cardíaca.

Antiguo Sanatorio de Terrassa
En el recuerdo está que se iba al sanatorio los martes y jueves. Se empezaba a operar a las 6:30 de la mañana, lo que, en el año 1966, quería decir que se salía de Barcelona a las 5:30 de la madrugada. Por la mañana se operaban pacientes y por las tardes se acudía al laboratorio para realizar trasplantes de corazón y de pulmón en perros.

Aparte del Dr. Caralps i Massó, venían los doctores Alonso Segura y Ferrer Recuero, compañeros de curso y amigos, que siguieron ayudando cuando en junio de 1967, el Dr. Josep Mª Caralps hijo se fue a EEUU, recién casado, para iniciar la especialización en cirugía cardíaca.

Es obligado mencionar a dos personas sin cuyo concurso entusiasta  hubiera sido del todo imposible llevar a cabo aquellos experimentos: Kiko, técnico de quirófano y un trabajador incansable que hacía las anestesias, rasuraba y preparaba a los perros para la intervención; y Manuel, que se encargaba de procurar animales abandonados para realizar los experimentos y, junto a Kiko, de cuidarlos después de la intervención.

Se hicieron docenas de experimentos y se despertó allí un interés especial hacia los trasplantes de corazón que no les ha abandonado nunca. Tuvieron la fortuna de poder hacer que aquel sueño se convirtiera en realidad.

En EEUU. el Dr. Josep Mª. Caralps asistió en New York en el Maimonides Medical Center a la realización del segundo y del cuarto trasplante de corazón en humanos. Desgraciadamente no tuvieron éxito. Ambos pacientes fallecieron a las pocas horas de finalizar la operación.

Maimonides Medical Center de New York
Durante bastante tiempo se colaboró con el laboratorio de cirugía experimental del citado hospital con el Dr. Yasunori Koga, un cirujano japonés que realizaba en cachorros de perro dos trasplantes de corazón diarios de lunes a jueves. Con él se desarrolló una técnica de preservación de injertos de corazón que se publicó en la revista Experimental Medicine and Surgery. Para mantener el entrenamiento del equipo de trasplantes, el hospital organizó un programa de resucitación de corazones de donantes. Se iban a buscar en ambulancia a los hospitales de la ciudad, y a otros de zonas vecinas, se trasladaban al Maimonides y se intentaba resucitar los corazones con la técnica que desarrolló el Dr. Koga y otros.

Dr. Yasunori Koga (derecha)
Pero el fracaso de los trasplantes realizados fue el detonante para que las autoridades del hospital iniciaran una serie de acciones encaminadas a expulsar al Dr. Kantrowitz, director de cirugía y autor y alma del programa de trasplantes de corazón del Maimonides Medical Center. Aquella época acrecentó el interés por los trasplantes de corazón.

Dr. Kantrowitz

Al regreso del Dr. Josep Mª Caralps a Barcelona, comenzó a leer, estudiar y reestudiar todo lo que se había publicado al respecto; anotaba los detalles que le parecían más relevantes y empezó a ordenar todas sus ideas en un esbozo de protocolo que requería, para finalizarlo, acudir a algún centro europeo donde se realizaran trasplantes de forma periódica. 

Hospital La Salpêtrière (París)
Sólo había dos centros de prestigio en Europa: el hospital La Salpêtrière, en París, y los hospitales ingleses Harefield, en Londres, y Pagworth, en Cambridge. 

Harefield Hospital (Londres)
Pagworth Hospital (Cambridge)
El Dr. Caralps hijo conocía al Dr. English, director del programa en Cambridge, y como su inglés era mejor que su francés, se inclinó por Papworth. Escribió una carta al Dr. English explicándole sus intenciones, le envió su currículum y esperó su respuesta. Recibió su contestación muy de prisa aceptándole en su servicio para que conociera cómo estaba organizando un programa de trasplantes, asistiendo, si podía, a una intervención y seguir, de este modo, los pormenores del curso postoperatorio.

Llegó a Papworth a mediados de febrero de 1984. Tras una breve conversación de bienvenida, el Dr. English le pidió que a la mañana siguiente, si no tenía ningún inconveniente, les acompañara a él y al Dr. Wallworth al Humana Hospital de Londres, donde los martes intervenían a pacientes alemanes de bypass aortocoronario, dadas las largas listas de espera que había en Alemania. El Dr. Caralps hijo le dijo que iría encantado. Se despertó a las 5:00 de la mañana y a las 6:00 salió con el coche del Dr. Wallworth. En Londres les ayudó en las intervenciones que practicaron. Estaban cerrando al último paciente cuando llamaron de Papworth para comunicar que estaba en marcha un trasplante, que el donante estaba en Londres y que se fijaba la hora de extracción a las 19:00 horas. El Dr. English decidió que ambos realizarían la extracción y el Dr. Wallworth volvería a Papworth para realizar la implantación del injerto.

Fueron al Hospital Neurológico de Wimbledon. La donante era una mujer joven con muerte cerebral tras una caída desafortunada montando a caballo por Hyde Park. Mientras se preparaba la intervención, el Dr. Caralps hijo pesó en lo afortunado que había sido al poder asistir a un trasplante nada más llegar a Inglaterra y poder participar activamente en la extracción, que iba a ser múltiple: riñones, hígado y corazón.

El Dr. English le explicó y puso en práctica los pormenores más importantes de la operación  para obtener el corazón en una extracción múltiple. Más tarde, un Rover de gran cilindrada de la policía londinense los llevó de vuelta con el corazón a Cambridge. Pasó mucho miedo, pues hicieron el trayecto en unos 45 minutos, a unos 200 km/h. Tras una curva en la que chirriaron todos, neumáticos incluidos, el Dr. English le preguntó al policía cuánto hacía que no cambiaba las ruedas: no fue el único que tuvo miedo aquella noche. Llegaron sanos y salvos y se realizó el trasplante. El Dr. Caralps hijo se quedó en el quirófano hasta que finalizó la intervención, memorizando todos los detalles que le parecieron relevantes para transcribirlos después en la libreta en la que anotaba todo lo que creía importante para una intervención con éxito. Permaneció una semana más en Papworth analizando, estudiando y tomando notas del postoperatorio. Dos días antes de volver, Carmina, su esposa, le llamó para decirle que en Barcelona se había hecho el primer trasplante de hígado con éxito, por los doctores Jaurrietas y Margarit. Se alegró mucho. Al volver a Barcelona finalizó el protocolo.

A primeros de marzo asistió a la reunión del comité de trasplantes del Hospital de San Pablo. Les comunicó que había hablado con todos los servicios del hospital que tendrían que arropar el trasplante y que todos estaban de acuerdo en colaborar y que además lo harían desinteresadamente. Les informó de que en menos de un mes se iniciaría la búsqueda de un receptor en el Servicio de Cardiología, y que contaríamos con el total apoyo del Dr. García Moll, jefe del Servicio de Cardiología, y del Dr. Antonio Oriol, jefe de Hemodinámica, que tendría un papel más que relevante en el postoperatorio de los pacientes.

También hizo una afirmación que creía imprescindible: si algún otro servicio de cirugía cardíaca del país iniciaba un programa de trasplantes de corazón antes que el Hospital de San Pablo, se pararía el programa. Un solo programa era más que suficiente, sobre todo al principio, para adquirir experiencia y monopolizar una técnica que requería tanto esfuerzo. También hizo la observación de que se iniciaba un programa de trasplantes de corazón, no que se hacía un trasplante, y que, por tanto, si el primer paciente fallecía en la intervención, el programa seguiría adelante. Todos estuvieron de acuerdo.

Los responsables de la Unidad Coronaria y del Servicio de Cuidados Intensivos sabían que si llegaba un paciente con enfermedad cardíaca no tratable por métodos convencionales, se pondrían en contacto con el Dr. Caralps hijo para evaluar la posibilidad de considerarlo un receptor adecuado.

El Dr. Caralps hijo habló con los responsables de trasplantes de los diversos hospitales de Barcelona para hacerles partícipes de los propósitos del programa de trasplante de corazón y solicitarles que les avisaran cuando tuvieran pacientes con muerte cerebral que pudieran ser donantes de corazón.

Hospital Clínic de Barcelona

Tuvo una conversación con el Dr. Jordi Vives, jefe del Servicio de Inmunología del Hospital Clínic de Barcelona, que realizaba los emparejamientos de donante y receptor de todos los trasplantes de riñón e hígado que se realizaban en Barcelona, y le prometió su colaboración.

A finales de abril ingresó en la Unidad Coronaria un paciente de 33 años afectado de una miocardiopatía dilatada, una enfermedad que no podía tratarse por medios convencionales. Fue a verlo y le explicó que la única posibilidad de volver a poder hacer una vida normal y evitar una muerte cercana era mediante un trasplante de corazón. Todavía recuerda cómo le miró y le preguntó qué posibilidades tenía de sobrevivir y cuántos trasplantes había hecho. Le contestó que ninguno, pero que si él ponía su confianza en el equipo y confiaba en su destino, el equipo entero estaba seguro de que todo saldría perfecto. Le dijo que se lo pensara y de inmediato le contestó que no tenía nada que pensar, que como su enfermedad no tenía otra solución, que adelante, que lo consideraran un receptor. Hicieron todas las pruebas y análisis pertinentes; no había contraindicaciones.

Volvió a ponerse en contacto con aquellos que podrían recibir posibles donantes y llamó de nuevo al Dr. Vives, esta vez para decirle que tenían un receptor y que le harían llegar la sangre para realizar un emparejamiento (matching) en caso de que llegara un donante adecuado. Empezó la espera.

Hospital Universitari de Bellvitge

El día 8 de mayo, estaba en su despacho cuando la secretaria, Isabel, le comunicó que un tal Dr. Vives quería hablar con el Dr. Caralps hijo. Jordi le dijo que había un donante en el Hospital Universitari de Bellvitge cuya familia había donado los riñones y el hígado y que era adecuado para Juan Alarcón; que se pusiera en contacto con los responsables de trasplante renal del Hospital Universitari de Bellvitge para que solicitaran también la donación del corazón. LLamó al Dr. Griño, nefrólogo, y le solicitó que hiciera el favor de pedirle a la familia la donación del corazón. Le respondió que así lo haría y que se pusiera en contacto con el Dr. Jaurrieta, que realizaría la extracción del hígado, por si había algún problema logístico que desaconsejara la extracción del corazón.

Habló con el Dr. Jaurrieta y éste aseguró que no tenía ningún inconveniente. Hizo la observación, sin embargo, de que sería una extracción múltiple, la primera en España, y que quizá lo ideal para el primer trasplante de corazón sería un donante exclusivo de este órgano. Le agradeció la sugerencia, pero contestó que el receptor que disponían se estaba deteriorando y que quizá no llegara otro donante a tiempo.

El Dr. Griño obtuvo una respuesta positiva de la familia y la extracción múltiple empezó a las 6:00.

Se comunicó entonces con el Dr. Casas, de Anestesia, y con los responsables de la UCI y organizó con los cirujanos cardíacos la táctica más adecuada. El Dr. Oriol Bonnín se desplazaría al Hospital Universitari de Bellvitge para dirigir la extracción con un equipo de cirujanos y enfermeras.

Avisó al Dr. Bonnín de que negociara con los cirujanos generales para que fueran generosos y no castigaran mucho la anatomía del corazón al extraer el hígado y que, como estaba previsto, en cuanto viera el corazón nos dijera cómo era la contracción. Debía volver a llamarlos al iniciar la extracción para que el Dr. Caralps hijo pudiera empezar la intervención en el receptor y evitar retrasos en la sutura del nuevo corazón.


Aquel día se aprendieron muchas cosas, sobretodo que los horarios no existen en los trasplantes. La extracción se fue retrasando y las enfermeras que iban a participar en la intervención mataron la espera de muchas maneras, incluso jugando al parchís.

Había hecho bajar al antequirófano a Juan Alarcón (receptor del corazón). Se tenía que iniciar una medicación con control cardiológico y hemodinámico estricto y el Dr. Casas y su colaborador, el DR. Reñe, le colocaron las vías y los controles necesarios al paciente.

Cada vez que sonaba el teléfono se tenía la esperanza de que fuera el Dr. Bonnín, pero la llamada tan esperada no se produjo hasta las 21:00 hores de la noche: el corazón estaba bien.

A las 22:30 les avisaron de que el equipo extractor estaba a punto de intervenir. Se entró a Juan Alarcón al quirófano. El Dr. José M. Padró le ayudó a abrir al paciente y a establecer la circulación extracorpórea una vez extirpado el corazón enfermo de Juan. Posteriormente, el Dr. Bonnín le ayudó a suturar el nuevo corazón. La intervención se desarrolló según lo previsto: se tardó 57 minutos en suturar el nuevo órgano en su sitio. Al restablecer la circulación en el corazón trasplantado, éste empezó a latir espontáneamente y la intervención finalizó sin ningún problema.

Los doctores García Moll y el Dr. Oriol, fueron para darles su apoyo, y todos junto al equipo mostraron una alegría inmensa por el éxito y por las posibilidades que se abrían para Juan Alarcón. No se hicieron fotos. Llamó al Dr. Nolla, el director médico, para explicarle el éxito de la intervención y dio las gracias a todos los colaboradores porque sin ellos no hubiera sido posible realizar el trasplante de corazón. 


Se quedó al lado de Juan Alarcón toda la noche, con el Dr. Bonnín y el Dr. Casas. A la mañana siguiente, Juan Alarcón estaba consciente y contento.

Se había hecho realidad un sueño a base de fe, trabajo y compromiso. Habían conseguido reiniciar en Barcelona y España una técnica que con los años iba a modificar la vida de muchos pacientes que carecían de esperanza sin ella.

Habían abierto una puerta a la ilusión, que sigue estándolo hoy y continúa generando esperanza, sobre todo, vida. 27 años después de aquel primer trasplante, todavía se ven a pacientes que recibieron un corazón nuevo hace 25 o 26 años y que siguen llevando una vida absolutamente normal.

Valió la pena, a pesar de todas las piedras que se fueron poniendo en el camino tanto al Dr. Caralps hijo como al programa.

Programa que no hubiera sido lo que fue y es sin el apoyo total, desinteresado y completo de los doctores Manuel Ballester y Damià Obrador, que se encargaron de hacer el seguimiento de los paciente, de estudiarlos minuciosamente y de analizar todas las reacciones que presentaron. Todos los estudios que ellos llevaron a cabo y publicaron en las mejores revistas de la especialidad, en muchos casos como primicias mundiales, sirvieron para dar un amplio reconocimiento tanto al programa como al Hospital de la Santa Creu i Sant Pau.

Pero, hay cosas que van más allá de un cambio de órganos. Hoy se sabe que existen cambios de actitud a muchos niveles en los receptores, que son exactos a los que exhibían los donantes antes de morir.

Son estudios difíciles de realizar, pero las coincidencias que se han observado en un conjunto de 74 pacientes trasplantados no pueden atribuirse de forma exclusiva a alteraciones inducidas por la medicación o a variaciones en el estado de ánimo.

En la Universidad de Arizona, se llevan a cabo estudios con más de 300 trasplantados para esclarecer aún más este fenómeno de coincidencias entre donantes y receptores, especialmente en los trasplantados de corazón. La teoría de que las células de este órgano poseen memorias, y que éstas se transmiten electromagnéticamente del corazón al cerebro, es el punto de partida de este estudio que, si fructifica, representará una verdadera revolución en el ámbito de la fisiología y de la medicina clínica.

Será verdad, como creen los hawaianos, que el corazón "es un órgano espiritual que piensa, siente y se comunica". Será verdad que existen sentimientos más allá del cerebro.



Autor: Dr. Josep Maria Caralps Riera. Director de la Unidad de Cirugía Cardíaca del Hospital Quirón, desde 1995. Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Barcelona. Académico numerario de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Catalunya (1994). Entre los años 1984 y 1985 dirigió y realizó el primer trasplante de corazón con éxito en España, así como el primer trasplante heterotópico de corazón del país. Tras su paso entre 1967 y 1974 por EEUU., fue cocreador y jefe de la Unidad de Cirugía Cardíaca y del Departamento de Cardiología del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona. Asimismo fue presidente de la Sociedad Europea de Trasplante Cardíaco entre los años 1988 y 2000. Con más de 130 publicaciones, el Dr. Caralps ha sido distinguido con numerosos premios, entre los que destacan el Abraham Mandelberg Fellowship Award (Centro médico de Brooklyn, 1970), la Gran Cruz de la Orden Civil de Sanidad (1986), el premio Boi de la Sociedad Española de Cardiología (1987 y 1991) y el Premio Fenin a la Innovación Tecnológica (2010). Pero el mayor premio es el agradecimiento de todos aquellos pacientes que pudieron seguir sus vidas gracias a su fe, su trabajo y su tenacidad.

martes, 28 de febrero de 2012

DEPRESORES (III)

TRANQUILIZANTES MENORES

Otro grupo de hipnóticos-sedantes consiste en nuevos productos de la industria farmacéutica. Aparecieron a mediados de la década de los años 50 con el engañoso nombre de "tranquilizantes menores". La palabra "menor" se usa para diferenciarlos de los tranquilizantes "mayores", como la cloropromacina (Thoracine), utilizada para tratar a pacientes psicóticos. En realidad estos dos tipos de tranquilizantes no tienen entre sí relación química ni farmacológica. Los tranquilizantes menores no son, como su nombre parece implicar, drogras suaves. No hay nada "menor" en sus efectos, en los problemas que pueden causar ni en su potencial de ser usados abusivamente.


Desde su descubrimiento, los tranquilizantes menores han adquirido una enorme aceptación en medicina. Los médicos han recetado millones y millones de ellos y las compañías farmacéuticas han ganado miles de millones de dólares mediante su promoción y venta, como agentes capaces de calmar la ansiedad (en castellano a los tranquilizantes menores se los llama "ansiolíticos").


El primer ansiolítico lanzado al mercado mundial fue el meprobamata. Apareció en 1954 con el nombre de Miltown y se vendió después como Equanil. La gente empezó a organizar Miltown parties, y se tomaba la droga con propósitos sociales y recreativos, para entonarse.

El ansiolítico más conocido apareció en la década de los años sesenta. Pertenece a una familia de drogas llamadas benzodiacepinas. Algunos de los más famosos son el cloro-diacepóxido (Librium), el diazepam (Dalmane), el triazolam (Halcion), el aprazolam (Xanax) y el lorazepam (Ativán). El fabricante de Librium y del Valium, al principio una pequeña compañía que manufacturaba vitaminas y antiácidos, es hoy una de las más poderosas organizaciones farmacéuticas del mundo.


La industria farmacéutica ha luchado duramente para tratar de convencer a médicos y pacientes de que se trata de drogas revolucionarias, que reducen específicamente la ansiedad, haciendo que la gente se sienta tranquila y relajada. En realidad los ansiolíticos son sólo otra variedad más del alcohol y otros sedantes-hipnóticos, con las mismas tendencias a producir efectos adversos y dependencia.


En comparación con los barbitúricos, los ansiolíticos son por sí solos menos peligrosos en sobredosis y algo menos peligrosos en combinación con el alcohol. Además, los ansiolíticos son más eficaces que los barbitúricos para producir relajación muscular. Como sedantes diurnos producen menos somnolencia que los barbitúricos, pero pueden ser aún más peligrosos para conducir y además disminuir otras capacidades, la memoria y la lucidez mental. Como hipnóticos nocturnos pueden ser preferibles a los barbitúricos si hay ansiedad o tensión muscular presente o si los pacientes necesitan una píldora para dormir durante varios días seguidos.


Los usuarios callejeros toman ansiolíticos por las mismas razones por las cuales toman ilegalmente hipnóticos: para mejorar el ánimo, reducir la ansiedad y facilitar el contacto social.


En la mayoría de los casos, el abuso de ansiolíticos (en particular de Valium, Librium y Miltown) deriva de prácticas irresponsables de venta y prescripción médica.


Al hacer propaganda de estas drogas, los fabricantes describen el estrés de la vida diaria como si fuera una enfermedad, que puede tratarse recetando sus productos. Por ejemplo, avisos comerciales en revistas médicas han recomendado el Librium para las chicas de college cuya "recién estimulada curiosidad intelectual las hace más sensibles y temerosas respecto a las inestables condiciones del país y del mundo". En otras palabras: "Si las noticias de los periódicos te dan miedo, tómate un Librium". Otros avisos han sugerido que se les den tranquilizantes a las madres atareadas y a las dueñas de casa aburridas, a "la mujer que no se puede entender con su nueva nuera" y al "recién llegado a la ciudad que no puede hacer amigos".


Los críticos de estas prácticas comerciales señalan que las mujeres son el blanco predilecto mucho más a menudo que los hombres. Así como las compañías farmacéuticas recomendaban a los médicos la prescripción de anfetaminas para las amas de casa deprimidas en la década de los años sesenta, así han empezado después a fomentar la prescripción del Valium, el Librium y el Miltown a las mujeres ansiosas. La oposición creciente a esta conducta los ha contenido en cierta medida.

El uso de los tranquilizantes para enfrentar los conflictos diarios trae los mismos problemas de asociación que los depresores: dependencia tras el uso prolongado, una dependencia de naturalea especialmente pertinaz. Es muy difícil destetar a la gente de benzodiazepinas, debido a que la abstinencia es desagradable y peligrosa. Aunque las consecuencias de los tranquilizantes sobre la salud pueden ser menos severas que las del alcohol, el resultado es el mismo: no se ha establecido un tratamiento de la causa subyacente; se ha creado sólo un hábito legal de droga.


El fabricante del Valium y del Librium promocionó la idea de emplear estas drogas para el tratamiento de alcohólicos y muchos médicos siguieron su consejo. Cuando los alcohólicos bebían menos, los médicos creían haber logrado algo, pero todo lo que habían hecho era sustituir un hipnótico-sedante por otro hipnótico-sedante (un experto en alcoholismo llamaba al Valium "whisky en píldora").

A lo largo de la historia, los médicos se han apoyado en drogas para apaciguar a pacientes difíciles. Las drogas psicoactivas cambian la manera de sentir del paciente, satisfacen sus deseos de ser tratado médicamente y hacen que los médicos se sientan útiles. O los ayuda al menos a quitarse de encima al paciente. Hace 100 años, el opio y el alcohol eran los caballos de batalla del tratamiento médico, junto con el cannabis (la marihuana). Al terminar el siglo, se repartía la cocaína para toda clase de malestares. Hoy el Valium y el Xanax son unas de las drogas más consumidas. Los tranquilizantes tienen ciertamente su aplicación médica genuina, pero prescribirlos por semanas o meses seguidos a personas ansiosas, deprimidas o incapaces de dormir es el tratamiento sintomático de la peor clase.

SUGERENCIAS PARA EVITAR
PROBLEMAS CON LOS TRANQUILIZANTES
  1. Hay que ser consciente de que estas drogas son depresores enérgicos, similares al alcohol en su efecto, causantes de desagradables reacciones y dependencia.
  2. Todas las precauciones para los depresores valen para los tranquilizantes.
  3. Si se toman estas drogas, ya sea por indicación médica o por placer, no deben tomarse todos los días. Para evitar caer en conductas de hábito de drogas hay que tomarlas en ocasiones especiales o intermitentemente.

GHB 
(gamma-hidroxi-butirato)


El GHB es un depresor endógeno producido en pequeña cantidad como metabolito de un neurotransmisor inhibitorio, el ácido gamma-amino-butírico, corrientemente conocido como GABA. En estudios que se remontan a la década de los sesenta se encontró que el GHB es un inductor de sueño no peligroso, que no causa ni tolerancia ni adicción. A principios de la década de los noventa el GHB sintético obtuvo una gran aceptación entre los bodybuilders porque estimula la producción de una hormona llamada "factor de crecimiento" y favorece que el músculo consuma las grasas del organismo. La sustancia no estaba legalmente regulada y los fabricantes la vendían por correo y en las tiendas de productos naturales, como alimento y no como droga.


Una cucharada de polvo de GHB (unos dos gramos y medio) disuelta en agua caliente y tomada con el estómago vacío produce un dramático efecto parecido al de la intoxicación por el alcohol o metacualona. A la mayoría de la gente esto le produce un efecto agradable pero, sobre todo en dosis altas, en algunas personas el GHB puede producir náuseas, marcada descoordinación de movimientos e hipersomnolencia (especie de estupor pasajero). Cuando se combina con el alcohol, lo más probable es que aparezcan efectos adversos.

Al contrario que las drogas psicoactivas (y desde luego que los depresores), el GHB aumenta en vez de disminuir la tendencia a soñar y el tipo de sueño (no de "sueños") que induce se parece mucho al sueño natural. Nos plantea los mismos peligros que otros depresores, pero quienes toman GHB deben tener en cuenta los daños potenciales de la sobredosis, especialmente cuando se necesita estar muy alerta, como al conducir.

GHB distribuida por correo con reclamo sexual
La FDA (Administración Federal de Alimentos y Drogas de Estados Unidos) ha declarado el GHB droga de prescripción médica y ha interrumpido su distribución por correo y en tiendas de alimentos. En respuesta, el mercado negro ha aumentado.

lunes, 27 de febrero de 2012

DEPRESORES (II)

LOS BARBITÚRICOS 
Y OTRAS PASTILLAS PARA DORMIR 
(DOWNERS)


Esta clase de drogas sedantes son los hipnóticos, llamadas corrientemente "pastillas para el sueño", y circulan por el ambiente desde hace mucho tiempo. Se las fabrica tanto legal como ilegalmente y su uso es muy corriente. Los médicos las prescriben en dosis bajas para calmar a la gente durante el día y, en dosis más altas, para ayudarla a dormir por la noche. Hay millones de personas que toman píldoras para dormir todas las noches y no pueden hacerlo sin ellas. Millones de otras personas toman hipnóticos por razones no médicas: para entonarse, para sentirse bien o para ir a una fiesta.

El adicto a los barbitúricos presenta un espectáculo chocante.
No pueden coordinar sus movimientos, tropieza, se cae de los
taburetes de los bares, se duerme a mitad de una frase y se le
cae la comida de la boca. Está confuso, agresivo y atontado. Y
casi siempre usa otras drogas además del barbitúrico, cualquier
cosa que caiga en sus manos: alcohol, bencedrina, opiáceos o
marihuana. Los adictos a los barbitúricos son mal mirados en
la sociedad de los adictos: "gamberros del pildorón... sin clase
de ninguna clase...". Para mí, los barbitúricos causan la peor
forma de adicción, destructora de la introspección, deteriorante
y difícil de tratar. (Novela de William S. Burroughs, 1959,
DeNaked Lunch 

El ácido barbitúrico fue descubierto en 1864. Desde entonces ha aparecido una serie de derivados. Todos ellos son conocidos como barbitúricos. Son la droga más importante del grupo de depresores. La primera droga barbitúrica para el sueño se llama barbital y apareció en 1903. La segunda, llamada fenobarbital, apareció en 1912. Hoy se conocen cientos de barbitúricos, y muchos de ellos están en uso.


Algunos barbitúricos se metabolizan lentamente y son eliminados por el riñón. El barbital y el fenobarbital son drogas de este tipo; se los llama barbitúricos de uso prolongado porque sus efectos duran entre 12 y 24 horas. Se los emplea como sedantes diurnos más que como hipnóticos nocturnos y no producen mayor estimulación o euforia. Por eso poca gente los toma para entonarse.


Otro tipo de barbitúricos se metaboliza más rápidamente por el hígado. Sus efectos duran de 6 a 7 horas, y se los llama de acción corta. Este grupo incluye el amobarbital (Amytal), pentobarbital (Nembutal), hexobarbital (Sombulex) y secobarbital (Seconal). Son drogas que actúan de manera muy parecida al alcohol, con sensación de agrado en dosis bajas, especialmente al principio del efecto. Por lo tanto, hay quienes las toman para cambiar su estado de ánimo, y no faltan en el mercado negro.


Por último, hay barbitúricos  de muy corta duración que producen pérdida de conciencia casi instantánea, si se los inyecta por vía intravenosa. El tipental (Pentotal) es el más representativo. Los dentistas y los médicos lo usan como anestésico en operaciones quirúrgicas. Debido a que elimina la conciencia con tanta rapidez y no deja memoria de la experiencia, nadie la toma por placer.

Cuando la gente habla de tomar depresores se refiere casi siempre a barbitúricos de acción corta y a algunas otras drogas similares, de las cuales se hablará después. Todas estas sustancias actúan como el alcohol. Casi todo lo dicho sobre el alcohol se aplica también para los barbitúricos.

Las píldoras para el sueño pueden hacer que las personas se sientan y parezcan borrachas, pueden provocarles resaca, pueden matarlas por sobredosis debido al bloqueo del centro respiratorio del cerebro. Pueden también producir adicción tenaz, con peligrosos síndromes de abstinencia, marcados en algunos casos por convulsiones y muerte.


Dado que las similitudes entre los efectos de los hipnóticos y el alcohol son tantas, es más útil hablar de las diferencias que de las similitudes.

A diferencia del alcohol, las píldoras para el sueño no liberan calorías. El cuerpo no puede quemarlas, así que tiene que metabolizarlas de otra manera. No son tampoco tan tóxicas a lo largo del tiempo como el alcohol. No causan daño hepático ni otros daños corporales, tan frecuentes en alcohólicos. La tolerancia a los depresores ocurre como con el alcohol, pero hay algunas curiosas diferencias. A medida que la gente los usa, la tolerancia a los efectos sobre el ánimo se desarrolla más deprisa que la tolerancia sobre los efectos letales. Por esta razón la gente que usa estas drogas tiene más riesgo de matarse accidentalmente que los alcohólicos. Por ejemplo, las personas que adquieren el hábito de tomar todas las noches pastillas para dormir, es posible que empiecen por una cada noche, necesiten aumentar después a dos la dosis y luego a cuatro para conciliar el sueño. Una noche, la cantidad necesaria para dormir puede ser igual a la que se necesita para dejar de respirar. Combinar depresores y alcohol es especialmente peligroso porque los efectos se suman. La adición de una dosis de alcohol a la que el consumidor está habituado y una dosis de depresor (que en sí misma puede ser tolerable) es capaz de llevar al coma y a la muerte. Mucha gente ha muerto por ignorar este hecho.



Lo mismo que con el alcohol, los efectos de los hipnóticos sobre el ánimo son extremadamente variables y dependen de la personalidad, de las expectativas y del entorno del momento. Mucha gente que toma pastillas para dormir siente sólo sueño. Otros se sacuden el sueño y dicen que se sienten entonados. 


Una dosis de seconal tomada en una wild party (una orgía) pude provocar intensa excitación; en tanto que la misma dosis tomada en un cuarto solitario puede hacerle caer a uno en estado de letargia. Algunos pacientes médicos a quienes se les han recetado hipnóticos tienen reacciones extrañas: se sienten ansiosos y agitados en vez de calmados. Las personas de edad tienen altas probabilidades de intoxicarse con una dosis normal. A las personas con enfermedades de hígado y riñón les pasa lo mismo.

La mayoría de la gente toma estas drogas por la boca, pero hay también formas inyectables. En los hospitales las dosis hipnóticas de Nembutal se administran a menudo por inyección intramuscular, especialmente cuando se tienen problemas con la alimentación oral.

En la calle hay consumidores que se inyectan la droga en vena (algunas veces muelen y disuelven preparaciones orales), una práctica que aumenta sobremanera los efectos tóxicos.

A otros consumidores les gusta combinar depresores y estimulantes, porque aseveran que el efecto combinado es más placentero que el de cada droga por separado. Ciertas combinaciones de este tipo se fabrican incluso legalmente para uso médico. Un ejemplo de esta combinación es Dexamyl, mezcla de amobarbital y dextroanfetamina (Dexedrina). Se dice que en esta combinación el barbitúrico contrarresta la tendencia de la anfetamina a producir ansiedad y agitación, en tanto la anfetamina refuerza el potencial del barbitúrico de producir euforia. De manera similar, la gente que toma mucha cocaína dice que la bebida simultánea de alcohol reduce los efectos desagradables de la cocaína, en tanto la cocaína les evita caer en la borrachera y les disminuye la resaca. Aunque estas combinaciones pueden no ser dañinas en sí mismas si se usan ocasionalmente, tal vez tengan mayor potencial de conducir al abuso porque facilitan la posibilidad de tomar mayores cantidades de droga.

La dependencia de los barbitúricos puede aparacer tanto en los consumidores callejeros como en los pacientes médicos. Los médicos suministran grandes cantidades de recetas de píldoras para dormir y muchas personas caen en el hábito de tomarlas todas las noches. Está ciertamente justificado tomar estas drogas cuando el insomnio es temporal y debido a una causa específica e identificable. Por ejemplo, la muerte de un amigo íntimo, la ruptura de la familia o la pérdida del trabajo. Incluso el mudarse de vivienda puede causar serios trastornos del sueño y las píldoras para dormir pueden ayudar durante la crisis. Hay quienes toman pastillas para conciliar el sueño durante vuelos largos u otras clases de viajes; para poder dormirse después de períodos de intenso trabajo o estrés, o para conciliar el sueño cuando las condiciones de trabajo cambian. No hay nada malo en tomar en estos casos pastillas para dormir durante unos cuantos días.



Los problemas aparecen cuando la gente las toma todas las noches durante largo tiempo. El insomnio persitente siempre es síntoma de otro trastorno físico o emocional. Las píldoras para el sueño tratan sólo el síntoma. Es más, el sueño que inducen los hipnóticos no es el mismo que el sueño natural. En primer lugar, disminuyen la capacidad de soñar, parte del mecanismo normal de recuperación nocturna; en segundo lugar tienden a producir resaca. Debido a que no proveen todas las necesidades normales del cuerpo y de la mente, las píldoras para conciliar el sueño pueden a la larga agravar el problema subyacente. Aunque mucha gente las toma durante años sin necesidad de tener que aumentar la dosis ni sufrir trastornos mayores, este tipo de uso de la droga es una forma de dependencia.


Tomar hipnóticos como un medio de superar situaciones anímicas o depresiones es probablemente la manera más arriesgada de usarlos. Como el alcohol, estas drogas pueden enmascarar temporalmente los síntomas, pero a lo largo del tiempo pueden con frecuencia aumentar la ansiedad y la depresión y pueden también conducir a tomar más droga en "una espiral hacia abajo" capaz de llevar al suicidio.


Como se dijo al principio, hay un número de hipnóticos no barbitúricos. El más reputado fue en el pasado la metacualona, comercializada bajo los nombres de Quaalude, Sopor y Mandrax. Aunque tomada sola tiene menos probabilidades de producir parálisis de los centros respiratorios por sobredosis, los efectos de la metacualona son equivalentes a los de los barbitúricos. Sin embargo ha habido muertes como resultado de combinar la metacualona y el alcohol. Los consumidores hablan de "qualudarse", es decir, tomar Quaalude hasta producir euforia y un grado alto de aturdimiento. El Quaalude ha ganado fama en la calle  como excitante de la sexualidad y droga para la juerga. Igual que todos los depresores pueden reducir la inhibición y reducir la ansiedad. Pero, también como el alcohol, interfiere en los hombres en sus relaciones sexuales y puede dificultar el orgasmo en las mujeres. El Quaalude auténtico es difícil de conseguir hoy, pero en el mercado negro suelen venderse tabletas look-alike que no contienen metacualona a compradores incautos.

No hay duda de que el Quaalude puede ser peligroso cuando se lo usa
irresponsablemente; ni de que pude producir adicción. Como droga
recreativa, tomada de cuando en cuando y de manera responsable,
la encuentro interesante y me da una experiencia diferente de la que
consigo con cualquier otra droga. Hombre de 36 años, consejero sobre drogas.

Otro depresor, el hidrato de cloral, es somnífero más antiguo de los que están todavía en uso médico. Son las famosas "gotas para el knock-out", que se ponen a escondidas en el vaso de bebida alcohólica de un sujeto desprevenido para robarlo o raptarlo.

Aún quedan otros hipnóticos no barbitúricos más, como la glutatimida (Doriden), la metiprilona (Noludar), el etoclorinol (Placidil) y el paraldehído. Todas estas drogas se usan en medicina como hipnóticos. De vez en cuando llegan al mercado negro. Los beneficios y peligros de estos hipnóticos son los mismos que los de los barbitúricos.

SUGERENCIAS
PARA NO ABUSAR DE LOS HIPNÓTICOS
  1. Tomar las píldoras para dormir por la boca y sólo en las dosis que los médicos recomiendan. A menudo bastan dosis aún menores.
  2. No conducir automóviles ni trabajar con máquinas bajo los efectos de las píldoras. Lo mismo que el alcohol, empeoran la lucidez, la coordinación de movimientos y los reflejos.
  3. Tener máxima precaución contra el uso combinado de los somníferos con el alcohol o con otras drogas depresoras.
  4. No caer en el hábito de dormir apoyándose en el uso de los hipnóticos. Por lo general, el insomnio se supera con la mejora de la salud, con el ejercicio físico adecuado, con la disminución del consumo de estimulantes (incluida la cafeína y el tabaco), un baño caliente antes de meterse en la cama y por muchos otros medios que no incluyen el uso de drogas.
  5. Mucho cuidado con tomar estas drogas para superar el mal estado de ánimo.
  6. No tomar regularmente hipnóticos y estimulantes para lograr el efecto agradable.
  7. No tomar hipnóticos cuando se está enfermo (sobre todo si se tienen problemas hepáticos o renales) como no sea por prescripción médica.
  8. Pedir auxilio profesional si uno se da cuenta de que se está haciendo dependiente de los hipnóticos, desarrollando tolerancia o sintiendo algún efecto físico o mental que no se ha sentido antes.

DEPRESORES (I)

HIPNÓTICOS SEDANTES

La amplia categoría de depresores comprende el alcohol, las "píldoras para dormir" y ciertos tranquilizantes. En dosis bajas, estas drogas favorecen la relajación y la tendencia al reposo (efectos sedantes), sobre todo durante el día. En dosis mayores, sobre todo por la noche, inducen al sueño (la palabra hipnosis deriva del nombre del dios griego del sueño). La denominación "hipnótico-sedante" se refiere a esta doble forma de efecto.




ALCOHOL 
(alcohol etílico, etanol)


El alcohol es la droga psicoactiva más extendida en el mundo. Es también probablemente la droga más antigua que los seres humanos conocen, porque es fácil descubrir que las frutas y los jugos de frutas pronto empiezan a fermentar como mezclas alcohólicas, si se los deja en sitios templados. El alcohol es algo tan común y sus efectos (tanto los buenos como los malos) son tan conocidos, que no requieren demasiadas explicaciones. Todo el que haya sentido el efecto agradable de un vaso de vino conoce el lado placentero de esta droga. Cualquiera que haya tenido relaciones con un borracho sabe lo desagradables y poderosos que pueden ser los efectos de la sobredosis de alcohol. Quien haya vivido con un alcohólico puede atestiguar los horrores de la adicción al alcohol.




La producción del alcohol etílico depende de una levadura que se nutre del azúcar y da como resultado alcohol y anhídrido carbónico (dióxido de carbono). Las levaduras son organismos vivos simples, formados por una sola célula, que se dan en todas partes, incluido el aire y la piel de muchas frutas, especialmente las uvas. Todo lo que las levaduras necesitan para crecer es agua, azúcar y calor moderado. Siguen creciendo hasta que se acaba el azúcar o hasta que el mismo alcohol que producen las mata. El alcohol es tanto un veneno como una droga: en dosis altas mata a los seres vivos, incluidas las células que lo producen.

Las fuentes naturales de azúcar de las cuales disponían los pueblos primitivos eran las frutas y la miel. Las dos pueden ser convertidas en vino con un contenido máximo de alcohol de aproximadamente el 12%. Otra fuente potencial de alcohol es el almidón pero, antes de que las levaduras lo puedan transformar, hay que convertirlo en azúcar con ciertas enzimas. Estas enzimas existen, entre otras partes, en la saliva. Y, en efecto, los indios de la América tropical la utilizaban para producir una de las clases de cerveza conocidas más antiguas. Aprendieron a masticar el maíz hasta hacerlo una pasta que escupían en cacerolas de arcilla. La mezclaban con agua y esperaban hasta que fermentara. Los granos en brote también contienen este tipo de enzimas. En la producción común de cerveza se usan los granos en brote de la cebada para convertir el almidón de estos granos en azúcar de malta. En la malta pueden crecer las levaduras y producir alcohol. El contenido de alcohol de la cerveza es por lo común la mitad que el del vino. La cerveza es además más nutritiva que el vino porque contiene muchísimas calorías en forma de hidratos de carbono.


En estos famosos grabados del artista inglés William Hogarth (1697-1764)
se pintan las diferentes consecuencias entre el uso regular de las bebidas
alcohólicas fermentadas y las destiladas. Los residentes de "La calle de la Cerveza" están contentos, sanos y productivos; mantienen al vecindario en orden. Por lo contrario, en "La calle del Aguardiente" sólo hay desorden, caos y muerte. Entre
otras calamidades, un hombre se ha ahorcado, otro, esquelético, está cerca de la muerte por desnutrición y una mujer borracha deja caer a su desvalido niño al vacío (The Boston Atheneum).

El alcohol destilado es una forma relativamente nueva del producto, ya que apareció hace pocos cientos de años. El aguardiente (brandy) fue el primer licor destilado. Se obtuvo calentando el vino, condensando por enfriamiento los vapores de alcohol que se producían y recogiendo el goteo en otro recipiente. Este proceso aumentaba espectacularmente la concentración de alcohol: de 12 a 40 o 50%. La idea original de los destiladores fue la de concentrar el vino en menores volúmenes para abaratar su transporte ultramarino en barriles. Al final del viaje el aguardiente había de ser diluido en agua hasta volver a la concentración original del 12%. Pero, cuando la gente tuvo a mano los barriles, nadie esperó a echarles agua. Una nueva y poderosa forma de alcohol invadió de repente el mundo.

En estos momentos nuestra sociedad fabrica y consume numerosos licores destilados. El whisky escocés (scotch) y el norteamericano (bourbon) se destilan a partir de bebidas hechas con grano, parecidas a la cerveza. El ron se destila de melazas fermentadas. El gin y el vodka son simplemente alcohol diluido (al gin se le agrega un aroma), destilados por lo general de un grano. Estos licores son bebidas mucho más fuertes y embriagadoras que las bebidas fermentadas, porque su contenido alcohólico es mucho más alto.


Hombre de 62 años (psicoanalista): me gusta el alcohol. Es una poderosa
droga y, bien lo sabe Dios, para algunas personas es infernal. Pero si se
usa con cuidado puede dar gran placer. Después de un largo y duro día, el
espléndido y cálido brillo que da una bebida fuerte es una de mis sensaciones
favoritas. Empieza en la cavidad de mi estómago y se extiende por los miembros
y el cerebro. Sé que el alcohol es un depresor, pero actúa y se siente como un relajador
suave. Tanto del espíritu como del cuerpo. Para darse cuenta de cómo puede el alcohol
poner a la gente emocionalmente cómoda, sólo hace falta fijarse en el aumento de la vivacidad
y el ruido en un cocktail party en cuanto se sirve una bebida.

Desde los tiempos antiguos, los pueblos deben de haber usado la cerveza y el vino de manera muy parecida a como los usamos ahora, es decir, como drogas sociales y recreativas para entonarse y para tener sensación de cambio ante el trabajo rutinario. Nuestros primitivos ancestros probablemente sabían también que los efectos del alcohol eran variables y estaban relacionados con la dosis. Y que algunas personas se hacían dependientes de él.



El alcohol se absorbe muy rápidamente desde el sistema digestivo, llega a la sangre y al cerebro, y allí produce sus conocidos efectos sobre el ánimo y la conducta. El cuerpo tiene que trabajar mucho para deshacerse del alcohol. Una parte de éste se quema como combustible; otra se elimina sin metabolizar por la respiración y la orina; pero la mayor parte de la tarea de metabolizarlo le toca especialmente al hígado.



Los efectos del alcohol están en relación directa con la cantidad que contiene la sangre en un momento dado. Las bajas concentraciones, en especial al empezar a beber, causan viveza de ánimo, buen humor, sensación de energía, calidez y seguridad, además de ahuyentar ansiedades e inhibiciones. La mayor parte de la población encuentra agradables estos efectos.



Sin embargo, es importante tener en cuenta que algunas de tales sensaciones (especialmente la sensación de seguridad) producidas por el alcohol en dosis bajas, pueden ser falsas. Al revés que los estimulantes, el alcohol y otros depresores reducen la eficiencia del funcionamiento del sistema nervioso, incluyendo los reflejos, el tiempo de reacción y la precisión de la respuesta muscular. Aunque la gente cree que rinde más después de un par de tragos, los tests científicos demuestran que rinde menos. Ésta es una de las fuentes de peligro del uso de depresores para sentirse mejor: la falsa sensación de confianza en uno mismo puede conducir a riesgos irresponsables, como el de conducir un automóvil en condiciones que llevan al desastre.



También es engañosa la sensación de calor que provoca la bebida. Se debe al mayor aflujo de sangre hacia la piel, que de este modo disipa más calor hacia fuera. La realidad es que la temperatura interna del cuerpo está bajando aunque la sensación de calor crezca. La gente que está desabrigada y, para sentirse templada, bebe alcohol cuando el tiempo es frío pude ser víctima de una hipotermia.



Otro ejemplo de la naturaleza engañosa de las sensaciones que da el alcohol es el efecto sexual. Muchas personas beben para aumentar la sensación de necesidad sexual. Creen que el alcohol aumenta el deseo, elimina las inhibiciones y favorece la relajación. En los hombres, sin embargo, la depresión del sistema nervioso provocada por el alcohol puede impedir la erección e interferir drásticamente en las relaciones sexuales. Los escritores han notado este efecto desde los tiempos de Shakespeare. En la tercera escena del segundo acto de Macbeth se desarrolla este diálogo entre Macduff y un lacayo del castillo:
  • Macduff: ¿Y cuáles son las tres cosas que provoca el alcohol?
  • Lacayo: ¡Por Dios!, señor: la nariz roja, el sueño y la orina. La concupiscencia, señor, la provoca y la desprovoca: provoca el deseo, pero se lleva la hazaña.
La gente que bebe debe saber que, cuando está bebiendo alcohol, sus impresiones subjetivas pueden no corresponder a la realidad.


Más aún, está claro que, como ocurre con toda droga psicoactiva, el efecto agradable que produce el alcohol puede depender tanto de la actitud y del ambiente como de la acción farmacológica. La misma cantidad de alcohol que durante una placentera reunión social puede hacerlo sentir a uno gratamente entonado, es capaz de hace que una persona deprimida en una habitación solitaria se sienta aún más deprimida.


La concentración del alcohol en la corriente sanguínea depende de varios factores: 
  1. La concentración del alcohol en la bebida;
  2. La velocidad con que se bebe;
  3. La presencia de alimentos en el estómago; y
  4. La velocidad a la cual el cuerpo es capaz de metabolizar y eliminar el alcohol.
Cuanto más fuerte sea la bebida, más rápidamente subirá la concentración de alcohol en sangre y más pronto se emborrachará el sujeto. Beberse de un trago el cóctel y beberse el vino como si fuera agua, hará que se pase muy deprisa por la etapa de los efectos agradables producidos por el alcohol, y se llegue antes a los efectos no tan agradables.


Los alimentos que estén en el estómago, especialmente la leche, disminuyen la velocidad de absorción del alcohol hacia la sangre. Por lo tanto, beber con el estómago vacío puede provocar una borrachera más rápida y más intensa. Comer antes y después de beber modera la intensidad de los efectos del alcohol.



Por último, algunas personas son capaces de metabolizar el alcohol más deprisa que otras y aguantar mejor las dosis altas. Esto puede estar genéticamente determinado y, si es así, algunos podrían tener una tendencia hereditaria al alcoholismo. Las personas que beben regularmente metabolizan más deprisa el alcohol que quienes no beben, y no las afectarán dosis que con seguridad afectarían a otros. Es lo que se llama tolerancia, tolerancia que se desarrolla rápidamente con el uso del alcohol y los hipnóticos sedantes. Los alcohólicos tienen gran tolerancia a esta droga. Pueden beber cantidades de alcohol que matarían a un abstemio. Otras personas pueden en cambio tener menor capacidad de lo normal para metabolizar el alcohol. Por ejemplo, algunos japoneses tienen una peculiaridad bioquímica innata: se emborrachan con dosis de vino o licor que, difícilmente, afectarían a un americano o a un europeo.


A medida que la concentración de alcohol aumenta en la sangre deprime más y más al sistema nervioso produciendo los conocidos síntomas  de la borrachera: 
  • Habla confusa;
  • Descoordinación de movimientos;
  • Insensibilidad al dolor; y
  • Conducta inadecuada.
Las personas se emborrachan de diferentes maneras según sea su personalidad, su ánimo del momento o el entorno social. Algunas se vuelven vociferantes y molestas; otras se hacen demasiado amigables y confían los más íntimos detalles de su vida privada a perfectos desconocidos. Hay quien se vuelve agresivo e incluso violento, en tanto otros se ponen melancólicos, llorosos y autocompasivos.


La ebriedad es un serio problema en el mundo entero, según se ve por el número de accidentes, actos de violencia, heridos y muertos. Muchos accidentes son consecuencia directa del alcohol, como lo son muchos crímenes. Es frecuente que los borrachos maten a amigos o a parientes y, al día siguiente, no se acuerden de los incidentes, lo cual es consecuencia del efecto depresor del alcohol sobre partes del cerebro responsables de la razón, el pensamiento y la memoria.


Muchos borrachos terminan por caer en un sueño estuporoso. Cuando despiertan tienen "resaca", con síntomas tales como acidez de estómago, dolor de cabeza, debilidad, temblor, depresión y dificultad para concentrarse, trabajar o pensar con claridad. Estos síntomas reflejan los efectos tóxicos del alcohol sobre el cuerpo y son muy molestos. El alcohol es intensamente diurético. Es decir, aumenta la secreción de orina y la pérdida de agua. El exceso de bebida de una noche puede resultar en una deshidratación seria si no se repone el agua, y puede contribuir al malestar de la resaca del día siguiente.


Dado que tomar más alcohol hace que la persona con resaca se sienta mejor, beber en exceso puede conducir a beber más ("el trago que cura la resaca"), cosa que la pone en el camino de la dependencia.

La dependencia del alcohol es una verdadera adicción, caracterizada por deseo ansioso de la droga, tolerancia y síndrome de abstinencia. El deseo angustioso de alcohol es legendario. Ha sido el tema de muchos libros y películas. Los alcohólicos recuperados cuentan aterrorizadoras historias sobre los extremos a los cuales llegaron para conseguir la droga cuando se vieron privados de ella; y hablan de cómo despilfarraron dinero en la bebida. La abstinencia rápida de alcohol constituye una crisis médica de gran proporción. Alguna de sus peores formas, como el delirium tremens (DT), puede ser fatal y más seria que la abstinencia de los narcóticos.


Es más, como el alcohol es una droga tan fuerte y tan tóxica, su uso prolongado puede causar un gran daño físico. La cirrosis de hígado, en la cual las células normales de este órgano son reemplazadas por células fibrosas sin función, es un resultado común y directo del consumo abusivo del alcohol y conduce a muchos síntomas perturbadores. Entre ellos la impotencia sexual y la incapacidad de digerir alimentos. Los otros órganos que soportan la carga del efecto venenoso del alcohol son el cerebro y el sistema nervioso periférico. Los alcohólicos desarrollan temblor, amnesia y descenso de la capacidad intelectual, lo cual puede reflejar un daño permanente de las células nerviosas. La lista de los problemas médicos relacionados con el exceso de bebida es demasiado larga para reproducirla aquí. Incluye efectos adversos en el desarrollo de niños no nacidos de madres alcohólicas (síndrome alcohólico fetal) y susceptibilidad aumentada a enfermedades infecciosas como la neumonía y la tuberculosis. Los hospitales de todo el mundo están llenos de enfermos crónicos, cuyos cuerpos han sido estragados por el alcohol.


El alcoholismo es también una de las más empecinadas formas de adicción a la droga, muy resistente al tratamiento. Muchos médicos que trabajan con alcohólicos admiten tener poco éxito. Entre los pocos grupos que parecen capaces de ayudarlos, están los de Alcohólicos Anónimos. El tratamiento depende de una adhesión casi religiosa a la ética de grupo. Otro grupo con éxito es el de la Iglesia Nativa de Norteamérica (Native American Church), que emplea el peyote en ceremonias religiosas y emprende vigorosas cruzadas contra la bebida de alcohol entre los indios norteamericanos. 


No todos los bebedores regulares se hacen adictos. De hecho, la mayor parte de los bebedores regulares de alcohol no es adicta. Es probable que algunas personas hereden la tendencia a la adicción al alcohol debido a peculiaridades de su bioquímica o metabolismo. Los hijos de alcohólicos tienen más probabilidades de desarrollar alcoholismo, pero también las tienen aquellos cuyos dos progenitores son abstemios. Esto sugiere que la falta de un modelo adecuado en la forma de beber los padres puede ser también un factor importante.


Uno de los más claros síntomas  de alcoholismo es la bebida repetida con el objeto de emborracharse. Los alcohólicos no pueden limitar a uno o dos vasos su consumo de bebida en sociedad: invariablemente toman mucho más. Pero emborracharse no es tan divertido, ni en el momento, ni al día siguiente. ¿Por qué, entonces, consume tanta gente sobredosis de alcohol?


La cuestión apunta al problema principal del alcohol. A la mayor parte de las personas le gusta los efectos tempranos del alcohol (que se parece al de los estimulantes), pero tomar más para lograr esos efectos cambia la calidad de éstos de manera dramática. No es sencillo para la gente mantenerse en los límites desagradables y lamentarlo después. La gente joven que empieza a beber ha de tener en cuenta que deberá afrontar ese problema al hacer la experiencia. Si las personas son metabólicamente normales, si cuentan con el apoyo de un buen modelo familiar de conducta en la bebida y si no tienen problemas psicológicos serios, aprenden a controlar su ingestión de alcohol y a evitar resbalar a la zona de peligro. Otras personas no pueden.


El alcohol es una de las drogas más difíciles de controlar por ser tan fuerte y debido a que la diferencia  entre los efectos  relacionados con la dosis varían mucho de una persona a otra. Usado con inteligencia, el alcohol puede aliviar el estrés. Hay incluso quienes sostienen que el alcohol es saludable. Por ejemplo, algunos estudios médicos sugieren que la bebida moderada previene los infartos cardíacos porque reduce la tendencia a la coagulación de la sangre y facilita la metabolización del colesterol. Los amantes del vino sostienen que beberlo con las comidas ayuda a la digestión. Ciertos médicos creen que el alcohol, en pequeñas cantidades, es bueno para los ancianos. Estas opiniones pueden ser correctas. Pero, por desgracia, hay gente que no aprende a beber con moderación. Cuando los alcohólicos recuperados intentan hacer uso social del alcohol, caen otra vez en el alcoholismo con mucha facilidad.


No hay duda alguna de que el alcohol es la más tóxica de las drogas que se tratan en el mundo entero. Sin embargo, nuestra sociedad ha hecho del alcohol la droga elegida para uso social. Está al alcance de cualquiera en todos lados, en muchas y atractivas formas. Se hace intensa propaganda comercial de ellas, y se usa hasta el extremo de que es difícil evitar tomarla. En algunos grupos es hasta tal punto el lubricante social que, quienes no toman alcohol, se sienten incómodos y fuera de lugar. Se mete en la vida de la gente a cada paso. Los amigos se cambian entre ellos botellas de alcohol como regalos de Navidad. Las líneas aéreas venden licores durante el vuelo y, si los aviones se retrasan más de lo previsto, aplacan con bebidas la impaciencia de los pasajeros. Los placeres de la bebida se exaltan por todos lados en carteles de propaganda e ilustraciones de revistas. En nuestra sociedad, cada uno de nosotros debe aprender a defenderse de esa propaganda para manejarse con esta poderosa droga.



A menos que uno sea mormón o musulmán, debe aprender a rechazar una copa de alcohol si no quiere beber. Y si no, ha de aprender a beberla con inteligencia, moderación y no permitir que el uso se le escape de su control.



ALGUNAS SUGERENCIAS 
PARA USAR EL ALCOHOL 
DE FORMA RACIONAL


  1. Determinar los beneficios que se esperan del alcohol. Hay que recordar que es atractivo porque hace que uno se sienta bien por un tiempo, tanto física como mentalmente. Es posible aprender a conseguir estos beneficios si se bebe el alcohol con cuidado y teniendo un propósito determinado. Si uno se siente dolorido y con fiebre puede ser aconsejable meterse en la cama y tomar antes un poco de bebida. Si uno llega a una fiesta y se siente torpe, ansioso e inhibido, tomar un poco de alcohol puede ayudar a incorporarse al ritmo general.
  2. Es también beneficioso establecer algunas reglas sobre dónde y cuándo no se debe tomar alcohol. Por ejemplo, una persona que decide beber para relajarse después de una jornada de trabajo especialmente dura o difícil, no debe tomar alcohol cuando ha tenido un día fácil, ni tampoco antes de terminar el día. Nadie debe conducir si ha bebido alcohol.
  3. Las reglas sobre el momento, los lugares y las situaciones apropiados para el consumo del alcohol ayudan a vigilar la tendencia a perder el control, típica del alcohol. Uno puede decir que va a beber cuando está entre amigos, pero no cuando está sólo. Que va a beber durante el fin de semana y durante las vacaciones, pero no los días de trabajo. Que va a beber después de la caída del sol, pero no durante el día.
  4. Hay que aprender a regular la concentración de alcohol en sangre. Una vez está allí, sólo el tiempo puede llevárselo. Es posible controlar la absorción del alcohol hacia la sangre tomando bebidas diluidas en vez de concentradas (por ejemplo, agregando agua al vino o añadiendo alguna bebida no alcohólica al licor fuerte). También es posible asegurarse de tener algo en el estómago antes de empezar a beber, practicar el consumo lento de alcohol, además de acostumbrarse a decir "no" cuando alguien sabe que ya ha tomado bastante y le ofrecen otro trago.
  5. Una vez se ha bebido mucho alcohol, es necesario recordar tomar mucha agua para compensar la pérdida de ésta por orina. Una buena cantidad de agua alivia la resaca del día siguiente.
  6. No hay que pasar demasiado tiempo con gente que bebe mucho o lo alienta a uno para tomar más.
  7. Cuidado con la práctica de caer en el hábito de bebida regular para tratar problemas emocionales persistentes como la ansiedad o la depresión. El alcohol puede enmascarar los problemas por un tiempo, pero este tipo de uso tiene todas las probabilidades de terminar en dependencia.
  8. La adolescencia, con sus conflictos, la presión de los compañeros y tendencia a la rebeldía, es una época durante la cual se pueden desarrollar malos patrones del uso de droga, patrones que pueden extenderse hasta la vida adulta y ser muy difíciles de romper. Los jóvenes pueden creer que tienen menos inclinación a la dependencia que los adultos, pero la realidad los contradice. El alcohol es una droga difícil de controlar a cualquier edad; el alcoholismo no aparece de la noche a la mañana. Es el resultado de los malos hábitos de bebida a lo largo del tiempo, empezando por las experiencias más tempranas.
  9. El alcohol contiene calorías. Si uno está preocupado por su peso, debe vigilar lo que toma.
  10. La mejor manera de protegerse contra los efectos dañinos del alcohol es no beber todos los días.
  11. Si se bebe regularmente, es necesario asegurarse de mantener buenos hábitos de descanso, ejercicio físico y nutrición. El día que se ha bebido es aconsejable tomar 100 mg. de vitamina B1 (tiamina) como suplemento de la dieta. El alcohol destruye esta vitamina de manera selectiva.
  12. Si uno empieza a sospechar que tiene problemas con el alcohol (o si los conocidos creen que los tiene) debe buscar ayuda profesional. Es difícil, si no imposible, tratar el problema de la bebida sin ayuda externa.