miércoles, 26 de enero de 2011

AUTISMO, UNA ENFERMEDAD QUE BUSCA UNA CURA.

Ante la falta de soluciones médicas, los padres de niños autistas acuden a terapias poco fiables y, en ocasiones, arriesgadas.

Muchos padres de niños autistas comienzan a buscar ayuda cuando a sus hijos le diagnostican autismo, pero los neurólogos desconocen la causa de la enfermedad y la manera en qué evolucionará. No hay causa conocida ni tratamiento.


Pero sí hay docenas de tratamientos biomédicos que prometen mejorías o incluso la curación del mutismo, los problemas de relación social y las dificultades motrices. Estos padres, queriendo lo mejor de sus hijos, comienzan terapias con vitamina B6 y magnesio, dimetilglicina y trimetilglicina (suplementos nutricionales), vitamina A, secretina (hormona digestiva), dietas sin gluten ni caseína e incluso con la quelación (tratamiento farmacológico que purga el cuerpo de plomo y mercurio). Esos supuestos tratamientos son aplicados a muchos niños autistas en función de una curación.

La quelación no parecía servir de mucho. Si la secretina ejercía algún efecto, no era fácil de identificar. Las dietas parecían prometedoras, de modo que las familias cargaban con comida especial a todas partes. Los padres dan a sus hijos docenas de suplementos y ajustaban una y otra vez las dosis ante cada cambio de conducta.

La ineficacia de aquellos experimentos se hizo patente cuando los padres dejaron de administrar esos suplementos. Los hijos autistas no experimentaron ninguna regresión al abandonar esas dietas milagrosas. ¿Por qué esos padres fueron engañados? porque esos tratamientos nunca fueron sometidos a ensayos clínicos avanzados y aleatorios, la prueba de cualquier terapia. Cada año centenares de miles de padres sucumben ante el deseo de encontrar algo, cualquier cosa, que alivie las dificultades de sus hijos para hablar y comunicarse, su incapacidad para relacionarse socialmente o sus comportamientos repetitivos o restrictivos, como el aleteo de manos o la fijación con ciertos objetos. De acuerdo con algunos estudios, hasta un 75% de los niños autistas reciben tratamientos alternativos ajenos a la ortodoxia médica. Sin embargo, muchas de esas terapias resultan falsas. Su seguridad y eficacia no se han investigado, las hay muy caras y algunas resultan perjudiciales. Gracias al reciente incremento en el diagnóstico y el activismo de numerosas familias están propiciando que cada vez más fondos, tanto públicos como privados, se destinen a obtener resultados contrastados científicamente.

NO CAUSA - NO CURACIÓN

FESPAU (ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ASOCIACIONES DE PADRES DE PERSONAS CON AUTISMO
www.fespau.es

La demanda de terapias se encuentra en aumento. En gran parte, ello se debe a que el cuadro clínico que define el autismo es cada vez más amplico, por lo que más niños son diagnosticados con la enfermedad. En la década de los 70, cuando era denominado psicosis infantil (una combinación de defectos sociales y retraso mental), el trastorno se consideraba excepcional. Los pediatras pedían paciencia a los padres si, por ejemplo, su bebé de 8 meses aún no establecía contacto ocular.

Por aquel entonces, los estudios indicaban que unos cinco de cada 10.000 niños padecían autismo. Pero la cifra creció cuando la enfermedad pasó a definirse como trastorno de espectro autista, un cuadro que incluía síntomas más leves. La revisión de 1994 del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (o DSM, la biblia del diagnóstico psiquiátrico) añadió el síndrome de Asperger (una variante de alto funcionamiento popularizada en la película Rain Man) y un cajón de sastre al que se describió como trastorno generalizado del desarrollo, sin más especificación. Los expertos comenzaron a apreciar los beneficios de un diagnóstico y tratamiento precoces. En 2007, la Academia Estadounidense de Pediatría recomendó la detección precoz del autismo en todos los niños de 18 a 24 meses. Por entonces, la tasa se había disparado hasta uno de cada 110 niños.

APNA (ASOCIACIÓN DE PADRES DE PERSONAS CON AUTISMO
www.apna.es

 
Dado que apenas se conocen las causas de la enfermedad, no queda claro que un mayor número de diagnósticos se deba a un aumento en el número de casos. En la inmensa mayoría de los pacientes ni siquiera existe un factor genético claro, comenta David Amaral, director de investigación del Instituto MIND de la Universidad de California en Davis y presidente de la Sociedad Internacional para la Investigación del Autismo. No existen biomarcadores para determinar qué niños corren el riesgo ni para calibrar la respuesta a un tratamiento. En su mayoría, la investigación se ha centrado en el desarrollo de terapias conductuales destinadas a mejorar la relación y la comunicación con los demás. Con resultados varibales, tales tratamientos sí parecen ayudar a algunos niños.

La falta de terapias establecidas ha facilitado sobremanera la tarea de los vendedores de tratamientos sin contrastar. El resultado es una combinación de pseudociencia y fraude, declara Stephen Barrett, psiquiatra retirado que mantiene el sitio quackwatch. com, donde analiza tratamientos de eficacia dudosa. Los padres sufren un gran estrés y sólo desean lo mejor para su hijo. Cuando observan una mejora, otorgan credibilidad a la causa equivocada. Pero tales progresos no se deben a los tratamientos, afirma, sino a la propia maduración del niño.

AUTISM GENETIC RESOURCE EXCHANGE
BASE DE DATOS DE ACCESO LIBRE DE MUESTRAS DE ADN PROCEDENTES DE FAMILIAS
CON CASOS DE AUTISMO
www.agre.org

Los vendedores de humo inundan la Red o el Ciberespacio de internet. Algunos portales prometen a los padres vencer el autismo de su hijo si adquieren un libro que cuesta 299 dólares. Otros muestran vídeos donde se ven los progresos de una niña autista tras haber recibido inyecciones de células madre. Numerosos padres se informan a través de internet y, según Brian Reichow, del Centro de Estudios Infantil de Yale, muchos de ellos confían en informes anecdóticos, en amigos u otros padres. En lo referente al autismo, la investigación aún no ha llegado al tratamiento.

Comprar esperanza tampoco resulta barato. Las sesiones en una cámara de oxígeno hiperbárico (dispositivos concebidos para elevar de manera temporal los niveles de oxígeno en sangre y empleados para combatir el síndrome de descompresión) ascienden a unos 100 dólares la hora; se recomiendan entre una y dos sesiones diarias. Las terapias de integración sensorial, que pasan por envolver a los niños en mantas o introducirlos en una máquina de abrazos para que jueguen con arcilla perfumada, llegan a los 200 dólares la hora. Las consultas pueden alcanzar los 800 dólares, y el coste aumenta en varios miles si se incluyen vitaminas, suplementos o pruebas de laboratorio.


De acuerdo con una encuesta de la Red de Autismo Interactiva, del Instituto Kennedy Krieger en Baltimore, los padres invierten un promedio de 500 dólares al mes en gastos menores. El único tratamiento que hasta ahora ha mostrado cierta eficacia, la terapia conductual, es también el más caro: 33.000 dólares o más al año. A pesar de que, a menudo, los programas estatales de intervención precoz y los distritos escolares públicos cubren los gastos, existe una larga espera para la obtención de evaluaciones y servicios gratuitos. En conjunto, según la Escuela de Salud Pública de Harvard, el promedio de todos los costes directos e indirectos derivados del autismo asciende a 72.000 dólares al año.

EL FRAUDE EN LOS REMEDIOS


Entre las terapias no contrastadas se incluyen las farmacológicas. Algunos facultativos recetan medicamentos aprobados para otras enfermedades, como Lupron. Este fármaco, que bloquea la produccióon de testosterona en los hombres y la de estrógenos en las mujeres, se emplea para el tratamiento del cáncer de próstata y en la castración química de delincuentes sexuales. Otros ejemplos son el antidiabético Actos y la inmunoglobulina G intravenosa, utilizada en casos de leucemia y sida infantiles. Todos ellos presentan serios efectos secundarios y su seguridad o eficacia en casos de autismo jamás se han investigado.

La quelación, el principal tratamiento contra la intoxicación por plomo, constituye otra terapia legítima trocada en cura para el autismo. El agente quelante transforma el plomo, el mercurio y otros metales en compuestos inertes para que el organismo los expulse con la orina. Hay quien cree que la exposición a estos metales (sobre todo al etilmercurio, utilizado a modo de conservante en vacunas) produce autismo. Sin embargo, no hay ningún estudio que lo demuestre. De hecho, los casos de autismo diagnosticados continúan aumentando a pesar de que, en 2001, el etilmercurio desapareció de la mayoría de las vacunas. Y la quelación, sobre todo en la administración intravenosa que se publicita contra el autismo, puede ocasionar insuficiencia renal. En 2005, un niño autista de cinco años falleció en Pennsylvania tras recibir quelación intravenosa.

Esta preocupación hizo que el Instituto de Salud Mental estadounidense (NIMH) anunciara en 2006 planes para realizar un ensayo clínico riguroso. Pero la investigación se archivó en 2008 ya que no se halló ninguna prueba clara de un beneficio directo contra el autismo y porque la quelación incrementaba el riesgo de los niños por encima del mínimo. La inquietud surgió, en parte, a raíz de estudios de laboratorio que revelaban problemas cognitivos en ratas que habían recibido quelación en ausencia de una intoxicación metálica. Según Thomas R. Insel, director del NIMH, nadie tenía demasiada fe en la quelación como la respuesta al autismo, quien añade que sus investigadores se sienten más inclinados a experimentar con medicamentos cuyo mecanismo de acción es conocido.

Como era de esperar, el abandono de la investigación alimentó las acusaciones de que la gran ciencia despreciaba los tratamientos alternativos. Pero siempre se ha invertido más en hallar terapias efectivas que en desacreditar las inútiles. Hasta hace muy poco, casi toda la investigación sobre el autismo se ejercía en el campo de las ciencias sociales y de la educación especial, donde los presupuestos son bajos y los protocolos difieren mucho de los empleados en medicina. A menudo, en un estudio participa sólo un niño. A algo así no lo llamaríamos ni indicio, comenta Margaret Maglione, directiva de uno de los centros de la corporación estadounidense RAND (Research and Developement), quien se encuentra a cargo de una investigación financiada con dinero público y destinada a revisar las terapias conductuales. Sus resultados se publicarán en 2011.

NIMIOS RESULTADOS

En resumen, la eficacia de numerosos tratamientos jamás ha sido sometida a pruebas médicas con criterios modernos. Y, cuando éstas se han hecho, se han llevado a cabo en grupos muy poco numerosos.

En 2007, la Colaboración Cochrane, un organismo independiente de evaluación de la investigación médica, sometió a examen las dietas sin caseína ni gluten. La premisa de las mismas era que la caseína (proteína de la leche) y el gluten (proteína del trigo) interferían con los receptores cerebrales. La Colaboración Cochrane halló dos ensayos clínicos muy reducidos, uno con 20 participantes y el otro con 15. En el primero se observó cierta reducción de los síntomas; en el segundo, ninguna. En un nuevo ensayo controlado y aleatorizado con 14 niños, que fue publicado en mayo de 2010 por Susan Hyman, profesora de pediatría en la Universidad de Rochester, no se advirtieron cambios en la atención, el sueño o el ritmo intestinal de los niños, así como tampoco en sus comportamientos autistas. Se están acumulando pruebas que apuntan a que la dieta no constituye la panacea que anhelaban los afectados, declara Susan Levy, pediatra del Hospital Infantil de Philadelphia, quien, junto con Hyman, evaluó las pruebas.

Levy conoce de primera mano lo difícil que resulta modificar algunas creencias instaladas en la opinión pública. La secretina se puso de moda después de que, en 1998, un estudio afirmase que tres niños habían experimentado mejoras en el contacto ocular, el estado de alerta y el uso del lenguaje expresivo tras recibir la hormona durante una prueba diagnóstica de problemas gastrointestinales. Los medios de comunicación se hicieron eco de las alentadoras historias paternas sobre la transformación de los niños. El Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano se apresuró a financiar ensayos clínicos. Pero, en mayo de 2005, ninguno de los cinco ensayos aleatorizados había conseguido confirmar beneficio alguno, por lo que el interés hacia la secretina decayó. Levy, quien colaboró en varios de los estudios, apunta que hubieron de pasar varios años: "La investigación exige una gran dedicación y avanza con lentitud. Los padres se sienten indefensos y se hallan dispuestos a remover cielo y tierra".

La buena noticia es que el aumento en la demanda de tratamientos supone un reclamo para la financiación. En 2001, el número de asistentes al primer Encuentro Internacional sobre Investigación del Autismo apenas llegó a 250. El pasado mes de mayo, al mismo encuentro en Filadelfia acudieron 1700 investigadores, doctorandos y representantes de los progenitores. Las nuevas técnicas y la concienciación pública han convertido el autismo en una línea más atractiva para la investigación. Ya a mediados de la década de los 90, tácticas de defensa de intereses y búsqueda de financiación empleadas por los afectados de sida o cáncer de mama, quienes se benefician tanto del apoyo estatal como de fundaciones privadas.

En consecuencia, durante el último decenio la financiación en EEUU. ha aumentado en un 15% anual, sobre todo aquella destinada a la investigación de aplicaciones clínicas. En 2009, el Instituto Nacional de Salud estadounidense asignó 132 millones de dólares para la investigación del autismo, a los que se sumaron 64 millones gracias a la Ley de Recuperación y Reinversión. Gran parte del dinero se ha destinado a la elaboración de registros de pacientes y a otras herramientas de investigación. Fundaciones privadas, como la Fundación Simons o Autism Speaks, aportaron 79 millones en 2008. De acuerdo con esta última, cerca del 27% de los fondos ha recaído en la investigación sobre tratamientos, el 29% en el estudio de las causas, el 24% en biología básica y el 9% en el diagnóstico.

Tales iniciativas también intentan averiguar si la terapia conductual precoz, que trata de mjorar las habilidades sociales de los niños a través de la repetición y la recompensa, podría aplicarse con éxito en niños muy pequeños, cuyo cerebro se halla en pleno aprendizaje del lenguaje y las relaciones sociales. En 2009, un estudio de varias universidades reveló que, en niñosque habían comenzado entre los 18 y los 30 meses de edad, dos años de terapia conductual a razón de 31 horas semanales supusieron un incremento sustancial del cociente intelectual (17,6 puntos frente a los 7 puntos del grupo de control). También se registraron mejoras en las tareas cotidianas y en el uso del lenguaje. La mejora en 7 de los 24 fue tal que su diagnóstico evolucionó de autista a la variante sin otra especificación, más leve. Por el contrario, de entre los 24 niños que habían recibido otras terapias, sólo uno experimentó la misma mejoría. La Red para el Tratamiento del Autismo ha elaborado un registro de más de 2300 niños con el objeto de combatir las complicaciones médicas que tantas veces sufren los afectados, como los problemas gastrointestinales y las dificultades para dormir. Tamibén prevé elaborar directrices para pediatras.

BUSCANDO UN ENFOQUE CIENTÍFICO REAL



La búsqueda de medicamentos, incluidos aquellos que se utilizan para otras enfermedades neurológicas, continúa siendo problemática. Insel reconoce que las intervenciones farmacológicas han resultado frustrantes. Los antidepresivos que aumentan los niveles de serotonina (neurotransmisor), por ejemplo, reducen con gran eficacia los movimientos repetitivos de la mano en pacientes con trastorno obsesivo-compulsivo. Sin embargo, según la Colaboración Cochrane, esos fármacos no alivian los movimientos repetitivos característicos de los autistas.

Otros candidatos incluyen un fármaco que potencia la fase REM del sueño, inexistente en niños con autismo, así como la oxitocina, una hormona que facilita el parto y la lactancia y que, supuestamente, estimula el vínculo maternofilial. En un estudio publicado en febrero de 2010 por el CNRS francés, 13 adolescentes con síndrome de Asperger identificaron mejor imágenes de rostros tras haber inhalado oxitocina. Pero, para concluir a partir de ese estudio que la oxitocina mitiga los síntomas más devastadores del autismo, habría que dar un gran salto. Insel opina que aún es mucho el trabajo que queda por hacer.

Por fortuna, ese trabajo ya se ha puesto en marcha. En junio pasado, un análisis genético realizado con 996 escolares reveló variantes genéticas nuevas entre niños con autismo. Algunas afectaban a genes encargados de controlar la sinapsis, uno de los principales objetos de investigación en el autismo. Las mutaciones reales (entre sujetos) difieren, pero podría haber rasgos comunes, explica Daniel Geschwind, director del estudio y profesor de neuropatía y psiquiatría de la Universidad de California en Los Ángeles. Geschwind es cofundador del Autism Genetic Resource Exchange, una base de datos de muestras de ADN procedentes de más de 1200 familias con casos de autismo, la cual se utilizó en el estudio. No obstante, tanto las pruebas que aíslen las causas como las terapias que solucionen el problema se encuentran aún años vista.

Hoy se observa un aumento en el número de padres que renuncian a experimentar, padres que sólo quieren recurrir a tratamientos comprobados, como el análisis conductual aplicado y que no provoquen daño adicional. Miles de padres desesperados confían en que la ciencia les ofrezca algún día una medicina más robusta.









sábado, 22 de enero de 2011

ESPAÑA TAMBIÉN ENVEJECE

España está en una revolución reproductiva que está cambiando la forma de la pirámide poblacional debido a una mayor supervivencia y la consecuente alteración de los roles tradicionales asociados al género y la edad, a todo este conjunto se le llama progreso.

El término envejecimiento demográfico fue creado por corrientes natalistas con el propósito de calificar negativamente la modernización demográfica. La transformación de la pirámide de edades, con un peso creciente de los mayores confiere un aspecto más de la revolución productiva actual. El detonante y motor de la revolución reproductiva es la generalización de la supervivencia hasta la vejez y su principal beneficiaria es la mujer, en el pasado sobrecargada por la elevada fecundidad que exigía el reemplazo generacional.

La humanidad está experimentando una revolución reproductiva que le permite, por primera vez en la historia, disminuir la fecundidad (número de hijos por mujer). Ello se debe a que los recién nacidos tienen por delante una vida mucho más larga que sus antepasados. La democratización de una vida larga y la consecuente posibilidad de una menor fecundidad se traduce en una nueva estructura piramidal de población. Se trata de un cambio brusco, todavía en curso y sin precedentes en las civilizaciones anteriores. Sus consecuencias políticas, económicas y sociales son enormes.

Sin embargo, esa transformación demográfica sigue analizándose según ideas del pasado. Cuando empezó a advertirse, a comienzos del siglo XX y sólo en los países más desarrollados, la reacción fue de alarma y rechazo. El descenso de la fecundidad se identificó con la decadencia de Occidente o la degeneración nacional. El darwinismo, la novedad triunfante de entonces, se tradujo en organicismo y biologismo aplicados a la demografía y la sociología. Se equipararon las sociedades a seres vivos, con sus mismas fases de juventud, madurez y declive. Desde entonces hablamos de envejecimiento demográfico para referirnos al proceso que configura la nueva pirámide poblacional.



Crece la proporción de personas en edad madura o en su primera vejez.
Estas generaciones prestan un notable servicio a la sociedad pues contribuyen
al cuidado de los nietos y de los mayores.


Pero las poblaciones no envejecen. No tienen edad. Durante el último siglo se ha demostrado que la decadencia predicha era una falacia. La trampa conceptual implícita en la denominación envejecimiento demográfico es una herencia de la que no nos hemos desprendido aún y que sigue ejerciendo su influencia. Es importante empezar con esta aclaración porque la población de España está experimentando dicha transformación con una intensidad y rapidez sin precedentes.


EL CAMBIO DE LA PIRÁMIDE

En España crece la proporción de personas mayores de 64 años. Entre 1975 y 2010 ha pasado del 10 al 17%, y seguirá aumentando en las próximas décadas. Las pirámides poblacionales correspondientes a estos años no pueden ser más distintas.

En la pirámide de 1975, la Guerra Civil se hacía notar por la escasez numérica en torno a la franja comprendida entre los 25 y los 30 años de edad (lo mismo ocurría en Europa con la Segunda Guerra Mundial). Pero, a diferencia de otros países, España no recuperó la natalidad con el fin de la guerra. La dictadura y su aislamiento internacional se tradujeron en dos décadas de miseria y pocos nacimientos, pese al natalismo estatal. Llegó luego el baby boom. Los nacimientos batieron récords antes de iniciar un acusado descenso a partir de 1975; la base de la pirámide de ese año presenta una amplitud notable.


El número de mujeres dobla el de hombres a los 80 años de edad.

La pirámide de 2010 refleja, en cambio, un acusado descenso de la natalidad, prolongado durante 20 años. Sobresalen las edades adultas centrales (generaciones del baby boom), que además se han visto engrosadas con un flujo extraordinario de inmigrantes, sin precedentes en un país tradicionalmente emigratorio.

Si bien la comparación de esas dos pirámides puede inducir a pensar que el envejecimiento demográfico corresponde a un cambio de los últimos 30 años, ello no es así: nunca a lo largo del siglo XX dejó de aumentar la proporción de mayores. Ni siquiera durante el baby boom. Es cierto que el proceso se aceleró mucho después, durante el baby bust (caída de la natalidad) de final del siglo, pero las fluctuaciones de la natalidad no deben hacernos perder de vista el auténtico motor del cambio, que es el constante aumento de la supervivencia generacional. Sólo en el último decenio se ha producido por primera vez una inversión de la tendencia; la proporción de mayores ha llegado a disminuir ligeramente. Se trata de un espejismo provocado por la elevadísima inmigración de jóvenes, acompañada de cierto repunte de la natalidad y la jubilación de las generaciones de escaso tamaño nacidas durante la Guerra Civil.



El espejismo, no obstante, se disipa rápidamente. Aunque la reciente crisis económica ha frenado la inmigración y está retrasando las uniones conyugales y la natalidad, pronto empezarán a jubilarse las generaciones nacidas en los años cincuenta y sesenta. Ello conllevará un crecimiento notable del peso de los mayores sobre el conjunto, que superará el 20% probablemente antes de los próximos 15 años. No se trata de una tendencia coyuntural y pasajera, ni es una rareza. Lo mismo ocurre en casi todos los países desarrollados. Las principales diferencias deben buscarse en el momento histórico en que se inició el proceso y e punto en que se encuentra actualmente.

El paradigma de inicio temprano y proceso gradual se halla en Francia, cuya mortalidad y fecundidad empezaron a descender de forma muy precoz. Ya en 1860 su población mayor había alcanzado un peso del 7% (España no lo consiguió hasta 1950) y ha tardado 120 años en elevarlo hasta el 14% (en España ha ocurrido en apenas tres décadas).


Se ha difundido la creencia de que España es uno de los países más envejecidos de Europa y del mundo. Sin embargo, esta idea, construida a finales de los años noventa, cuando más acelerado era el ritmo de envejecimiento demográfico, es falsa. Si las proyecciones de población prolongaban indefinidamente las tendencias del momento, acaban en efecto con una España que batía récords de población mayor en un horizonte de medio siglo. Pero las proyecciones de tendencias son simples herramientas exploratorias, no predicciones. Es bien conocido por los demógrafos que las tendencias se comportan de forma cíclica, no lineal. En la actualidad, el peso de los mayores en España es muy similar al del conjunto europeo e inferior al que ya alcanza en países de gran peso como Alemania o Italia. El extraordinario descenso de la natalidad iniciado en 1975 tocó fondo a mediados de los noventa, para invertirse después durante más de un decenio.

En definitiva, España es tardía, pero rápida. De segunda oleada, como Japón o Polonia, pero muy adelantada respecto a los que se incorporaron a este proceso sólo a partir de la segunda mitad del siglo XX. Algunos ni siquiera han llegado todavía al 7%, aunque evolucionen en esa dirección. Se trata de países de América, Asia y, sobre todo, África, en donde este retraso coincide con un desarrollo económico y social tardío y escaso.

PIRÁMIDE POBLACIONAL DE ESPAÑA EN 2008


PROYECCIÓN POBLACIONAL


La comparación entre las dos pirámides ofrece una clara imagen de la rápida transformación que ha sufrido la población española durante los últimos años (la proporción de mayores de 64 años ha pasado del 10 al 17%). Las causas de ese cambio se hallan en un aumento constante de la supervivencia generacional.

LAS CONSECUENCIAS

El cambio de la pirámide poblacional entraña consecuencias en todos los ámbitos sociales. Algunas son autonómicas: se trata de los efectos de estructura. Entre ellos destacan la feminización, el sobreenvejecimiento y el aumento de la dependencia.

La feminización de la población se debe a la ancestral diferencia de mortalidad entre hombres y mujeres, que desequilibra la relación numérica entre ambos sexos a medida que la población envejece. A los 80 años, las mujeres doblan a los hombres. Antaño, estas diferencias no tenían demasiada importancia. Hoy, las mujeres de 65 años o más alcanzan una décima parte de la población total española.


Conforme se generaliza la supervivencia hasta la primera vejez, se produce un sobreenvejecimiento: cada vez es mayor el número de personas que alcanza edades muy avanzadas. Puesto que en el pasado la supervivencia hasta esas edades era muy escasa, ahora es el grupo que crece con mayor rapidez.

Dado que los problemas de salud guardan una relación directa con la edad, el envejecimiento demográfico causa el aumento de los mismos. En un país tan apoyado en la solidaridad familiar como España, el creciente peso del cuidado a los dependientes ha debido abordarse como asunto de Estado. En 2006, la Lay de Dependencia creó una cuarta "pata" del estado del bienestar español, junto a la sanidad, la educación y las pensiones.


La nueva pirámide poblacional afecta también a otros ámbitos sociodemográficos. Las formas de convivencia y las estructuras de los hogares son distintas en cada edad, de manera que la nueva pirámide implica mayor peso de los hogares característicos de la vejez, con lo que disminuye el tamaño medio de los hogares españoles.

Todos esos cambios suelen verse con temor. De hecho, sirven a menudo para prever graves problemas para las pensiones de vejez, la atención sanitaria, la prestación de cuidados por parte de los familiares o la competitividad del mercado laboral. Según las proyecciones de población, en apenas dos décadas España alcanzará su porcentaje récord de personas mayores; ello coincidirá con la jubilación de las generaciones centrales del baby boom, que superarán la cuarta parte de la población total.

La proporción de mayores ha pasado en un siglo
del 4 al 18 %

MODELOS QUE FALLAN

El problema de esas proyecciones es que predicen los cambios de una variable en igualdad del resto de las condiciones. Sin embargo, el cambio que estamos describiendo en este caso (el de la pirámide poblacional) sería imposible sin la modificación de muchas otras condiciones. Los problemas derivados del envejecimiento demográfico vienen prediciéndose de forma equivocada desde hace un siglo.

Dicho alarmismo se ha convertido en marca de ciertas escuelas de pensamiento, que han perdurado pese a la invalidez de su discurso, desmentido desde hace ya casi cien años. Hallamos un buen ejemplo de ello en la corriente iniciada en Francia, en plena fiebre natalista, por demógrafos como Alfred Sauvy o Fernand Boverat, y mantenida por su alumno Gérard-François Dumont, a quien debemos el exitoso concepto de "invierno demográfico".

El envejecimiento demográfico ha constituido el principal estímulo para
la investigación médica y farmacológica.

Para comprender el modo en que ha cambiado el resto de las condiciones que rodean a la estructura demográfica por edades, debemos considerar también los cambios que ha sufrido la significación de cada edad. Para empezar, los adultos trabajadores no producen la misma riqueza hoy que hace medio siglo. En los años sesenta, todavía un tercio de los trabajadores españoles estaba ocupado en el sector agrario, muy poco productivo y con una proporción elevadísima sin afiliación a la Seguridad Social.

Cuando se calcula la sostenibilidad de la Seguridad Social se considera sólo la relación entre la población en edad productiva y la población en edad improductiva. Pero lo que resulta determinante no son esas cifras, sino la productividad de los trabajadores (la Seguridad Social ingresará más dinero si éstos tienen mejores empleos, por hallarse en un sector más productivo). De ahí que hoy nos hallemos ante una situación en apariencia paradójica: pese a que la relación numérica entre pensionistas y trabajadores es la "peor" de nuestra historia (nunca antes había habido tantos pensionistas), el sistema de pensiones se halla más consolidado que nunca.

Especial interés revisten las características de las generaciones que cumplen los 65 años de edad: los "nuevos viejos" españoles, con mucho retraso respecto a lo ocurrido en otros países desarrollados, están revolucionando el perfil sociológico tradicional de la vejez. Están cumpliendo 65 años las generaciones que, por primera vez, consiguieron la plena escolarización, disfrutaron de una vida adulta y laboral sin interrupciones bélicas, vieron cómo el trabajo agrario o el origen rural dejaban de ser mayoritarios, y disfrutaron del consumo de masas de automóviles, electrodomésticos y otros productos.

Reviste, pues, suma importancia ahondar en la espectacular modernización internacional que han sufrido las dinámicas poblacionales, pues el envejecimiento de la pirámide constituye sólo una de sus expresiones.

LA REVOLUCIÓN REPRODUCTIVA

Son los sistemas demográficos en su conjunto los que vienen cambiando desde hace unos dos siglos. Frente al concepto de transición demográfica, que describe sólo el cambio sin explicar sus causas, varios autores hemos propuesto la teoría de la revolución reproductiva. Consideramos que lo que han conseguido los países desarrollados, y están en camino de conseguir prácticamente todos los demás, es un salto cualitativo en la eficiencia de sus sistemas demográficos.

Las analogías que proporciona la teoría general de sistemas resultan de gran utilidad aquí. Para conservarse, todo sistema abierto, sea cual sea su organización interna, debe evitar la degradación y el aumento de la entropía. Para ello incorpora elementos externos de duración limitada, que deben ser renovados. Lo mismo sirve para una población humana, si la entendemos como un sistema demográfico: se alimenta de nacimientos y de inmigración, con lo que logra mantener la población a pesar de que sus integrantes, los humanos, morimos irremediablemente.


La mayor o menor eficiencia de un sistema depende de la relación entre los resultados que consigue y los elementos de producción que requiere. Vistas así, las poblaciones humanas han sido siempre poco eficientes. Han sacado un escaso rendimiento reproductivo a las nuevas vidas que traían al mundo. Para mantenerse, necesitaban una ingente cantidad de nacimientos que, en su mayor parte, no llegaban a la edad fecunda. Podían equipararse a un motor de combustión que quemaba mucho combustible, pero perdía gran parte de la energía producida sin convertirla en trabajo.

Un número elevado de hijos y una vida corta daban forma a la pirámide: muy amplia en la base, se estrechaba rápidamente. Las edades maduras y avanzadas tenían un peso escaso. Eran pirámides jóvenes. Pero también determinaban las relaciones de género, las organizaciones familiares y los flujos de recursos y cuidados entre generaciones. La vida era difícil para los humanos hasta hace bien poco.

A finales del siglo XVIII, las cosas empezaron a cambiar en algunos lugares de Europa. Por diversos motivos, la elevada y azarosa mortalidad, típica de la historia humana anterior, empezó a disminuir. Comenzó a acelerarse el crecimiento demográfico. Las pirámides de población rejuvenecieron más todavía, al ser la mortalidad infantil la primera en reducirse.

Sólo cuando se consolidaron las mejoras de la supervivencia reaccionaron de forma adaptativa los comportamientos reproductivos de la siguiente generación. La fecundidad inició entonces el descenso que ha conducido hasta las bajísimas tasas actuales.

La teoría de la transición demográfica se ha criticado por ser una mera generalización empírica, sin capacidad explicativa. Sin embargo, describe un cambio trascendental para la humanidad. Si abandonase su concepción de las poblaciones como simples stocks (apoyada sólo en tasas de mortalidad y natalidad anuales y simultáneas) y atendiese a los cambios reproductivos entre generaciones, tendría pleno sentido hablar de la mayor o menor eficiencia con que se reproducen las poblaciones. Esto es lo que incorpora la teoría de la revolución reproductiva.

Desde el punto de vista estrictamente demográfico, esa eficiencia aumenta cuando se democratiza la supervivencia generacional hasta edades umbrales para la reproducción. En primer lugar, resulta fundamental asegurar la supervivencia mayoritaria hasta las edades fértiles; de nada sirven natalidades elevadas si la mayor parte de los nacimientos no sobrevive hasta tener, a su vez, la oportunidad de contribuir a la reproducción. Luego, es igualmente básico generalizar la supervivencia hasta las edades maduras, puesto que la reproducción mejora si los progenitores viven el tiempo necesario para completar la crianza de los hijos (madurez de masas). Aunque se trate de metas en apariencia limitadas al campo de la mortalidad, conseguirlas resulta crucial para incrementar la eficiencia global de un sistema reproductivo.

CONSECUENCIAS SOCIALES
El envejecimiento de la población entraña importantes consecuencias para
la estructura social. Las más inmediatas son la feminización o diferencia
de mortalidad entre hombres y mjeres que desequilibra la relación entre sexo,
el sobreenvejecimiento y la mayor dependencia dado que los problemas de
salud guardan una relación directa con la edad, aumenta la morbilidad.

En toda la historia humana previa a la revolución reproductiva, sólo una pequeña parte de la población infantil llegó a vivir lo suficiente para poder tener hijos. La mayor parte moría mucho antes. La mortalidad estuvo siempre por encima del 20% en el primer año de vida; durante la infancia posterior, proseguía la erosión. El 50% había muerto mucho antes de llegar a la edad reproductiva.

En tales condiciones, resulta evidente que la fecundidad de los supervivientes (minoritarios) debía ser alta, muy por encima de los dos hijos por mujer teóricamente necesarios para el reemplazo generacional. Y pese a fecundidades tan elevadas, el resultado era muy pobre en términos de reproducción, con un ritmo de crecimiento poblacional prácticamente nulo. La ineficiencia del sistema tiene aquí un sentido literal: mucha inversión y escaso rendimiento. Por tanto, las tradicionales pirámides jóvenes que acompañan a la historia de la humanidad constituyen una expresión de atraso e ineficiencia reproductiva.

Esa ineficiencia condicionaba muchos otros ámbitos de las relaciones sociales, empezando por las relaciones de género. En el pasado, el esfuerzo reproductivo de las mujeres era de tal intensidad que siempre constituyó su principal ocupación y el ancestral núcleo definidor de la propia feminidad. Determinaba también las opciones de vida y las empresas colectivas. Los proyectos individuales no tenían sentido. El individuo aislado se consideraba inviable.

Igualmente, las formas de convivencia estaban rígidamente condicionadas. Se maximizaba la descendencia mediante un frágil equilibrio de los recursos disponibles, escasos e inestables; ello generaba formas familiares extensas y complejas. Las parejas carecían de los medios y la seguridad suficiente para abordar la empresa familiar en solitario. Por otra parte, las estructuras extensas y complejas eran difícilmente evitables, teniendo en cuenta la elevada probabilidad de morir antes de tiempo para cualquiera de los adultos de la familia.

Las anteriores condiciones estructurales cambian cuando la supervivencia empieza a generalizarse. La democratización de la vida hasta edades juveniles constituye un facto de éxito reproductivo; las poblaciones crecen más rápido con un mismo número de nacimientos si sus inquilinos permanecen durante más tiempo.

La democratización de la vida hasta edades maduras supone otro umbral de eficiencia. Por un lado, permite criar  mejor a los hijos. Por otro, es un éxito que se retroalimenta: al aumentar la proporción de cada generación que sobrevive hasta edades fértiles, puede disminuir  la cantidad de hijos que debe tener cada uno para asegurar un determinado volumen poblacional. Se distribuye entre más personas el trabajo de producir y criar la siguiente generación.


Tener menos hijos y en mejores condiciones cierra el círculo virtuoso. Las nuevas generaciones, mejor cuidadas y atendidas, viven aún más años. Una circularidad de factores retroalimentados que conduce a la exitosa y eficiente dinámica poblacional actual. Y también, claro está, a una pirámide de población completamente nueva.

LA SITUACIÓN DE ESPAÑA

España parece un caso extremo de rápido envejecimiento demográfico. Pero toda su demografía es igualmente extrema. En los comienzos del siglo XX, la esperanza de vida no llegaba a los 35 años (muchos países europeos superaban ya los 50 años); un siglo después, con más de 80 años, se sitúa entre las más altas del mundo.

Las mejoras generacionales en materia de supervivencia son de una rapidez espectacular. Sólo así se explica la eficiencia reproductiva conseguida y, por tanto, la posibilidad de reducir la natalidad hasta extremos nunca antes vistos, pese a que el volumen total de la población española no ha hecho más que aumentar, y muy por encima de las previsiones. La madurez de masas, umbral ya mencionado por el que las generaciones sobreviven mayoritariamente hasta los 50 años de edad, se consigue en España por primera vez en las generaciones femeninas nacidas entre 1901 y 1906, mujeres que cumplieron los 50 ya en la segunda mitad del siglo XX.

Mucho se ha especulado sobre los factores históricos o culturales responsables de la precocidad con que algunos países nórdicos o anglosajones adoptaron las nuevas formas de familia o de pareja. Es lo que hoy se conoce como la segunda transición demográfica. La baja fecundidad de Suecia y su elevada ocupación femenina se contraponían a las arcaicas pautas españolas que operaban todavía en el decenio de los setenta. Las explicaciones se buscaron siempre en sus peculiaridades políticas, ideológicas, culturales e, incluso, religiosas. Poca importancia se dio, en cambio, a la precocidad con que las primeras generaciones suecas consiguieron democratizar la supervivencia hasta umbrales críticos de edad, con su consecuente efecto en la eficiencia reproductiva.

Cualquier manual básico de análisis demográfico explica que los indicadores generales de natalidad vienen a ser una ficción instrumental. Construyeron una generación hipotética de mujeres inmortales y nos dicen cuántos hijos tendrían si, en el transcurso de su vida, a cada edad tuvieran hijos con la misma intensidad que han procreado las mujeres de esa edad a lo largo de un año cualquiera. Se ignora así cuántas de las mujeres de esa generación hiportética habrían sobrevivido desde el nacimiento hasta la pubertad, cuántas morirían durante su vida fecunda, cuánto tiempo vivirían después de ser madres o cuánto tiempo vivirían los hijos que alumbraran. La demografía hace análisis y separa la fecundidad en estado puro de los otros determinantes que afectan a la reproducción, sobre todo la mortalidad.

España proporciona buenos ejemplos de la diferencia entre fecundida y repoducción: las generaciones femeninas nacidas entre 1871 y 1875 tuvieron más de 4,5 hijos por mujer, pero su reproducción generacional apenas superó el reemplazo (una hija por cada mujer nacida en la generación de su madre). Con la mejoría de la supervivencia ocurrió que las generaciones de entre 1936 y 1940 consiguieron la misma tasa de reproducción, pero con casi dos hijos menos por mujer (2,6). Esta mayor eficiencia reproductiva explica que España, después del escaso crecimiento del siglo XIX, y tras un siglo XX de constante descenso de la natalidad, haya pasado de 18 a más de 40 millones de habitantes.

En definitiva, el envejecimiento demográfico no es más que el resultado de una mejor manera de mantener las poblaciones humanas, más eficiente en el rendimiento obtenido por cada nueva vida traída al mundo. El descenso de la fecundidad se explica en ese contexto, al menos desde un punto de vista histórico. Nos centramos demasiado en las pequeñas diferencias, de décimas a veces, en la fecundidad de los países más desarrollados. Y con demasiada frecuencia se buscan las explicaciones en determinantes extrademográficos y culturales. Pero la modernización de la natalidad y la estructura por edades no pueden considerarse cuestiones coyunturales, accidentales o que resulten de recientes políticas fiscales o familiares, precios de la vivienda, condiciones del mercado de trabajo o pautas de relación entre los jóvenes. Resultan de un cambio a gran escala en la supervivencia y la reproducción humanas, que seguirá acentuándose en los próximos decenios, y que nos conduce de forma irreversible a un nuevo equilibrio poblacional.

CONCLUSIONES

Se debería huir del alarmismo reiterado sobre las consecuencias sociales, políticas y económicas del envejecimiento demográfico. Tales alarmas se fundamentan en previsiones que nunca se han cumplido. Previsiones erróneas que nadie se ha visto obligado a explicar porque se integran en el consenso dominante en el campo de la demografía. Pero en ciencia los errores deben servir para revisar los supuestos de partida y obtener nuevas previsiones. Debería aclararse por qué el envejecimiento demográfico guarda una correlación casi perfecta con los niveles de riqueza y bienestar internacionales, y no con la pobreza. España, desde luego, no desmiente esta relación, sino todo lo contrario: no ha hecho más que properar mientras la proporción de mayores pasaba de apenas el 4% de hace un siglo al 18% actual.

El cambio demográfico en España ha facilitado una mayor inversión social y familiar en los hijos, lo que ha conllevado un aumento notable del capital humano y social. Ello ha hecho más productiva la economía y ha abierto una nueva y abundante cantera de mano de obra, la femenina, ahora menos obligada a las tareas reproductivas. Ni siquiera es cierto que la nueva pirámide poblacional sobrecargue los sistemas sanitarios. Son los cambios en las pautas de consumo y la modernización de tales sistemas los que explican la mayor parte del incremento en el gasto sanitario en los países desarrollados. En todo caso, el envejecimiento demográfico ha constituido el principal estímulo para la investigación médica y farmacológica contemporáneas; basta con observar la lista de galardonados con el premio Nobel de medicina en los dos últimos decenios para constatar que son las enfermedades degenerativas de los sistemas circulatorio y nervioso las que ocupan la punta de lanza de nuestro progreso sanitario.

La nueva pirámide conlleva también un mayor equilibrio entre las edades, lo cual tiene consecuencias positivas para la economía productiva. Un perfil de usuarios y consumidores más diverso hace más estables los mercados frente a las crisis sectoriales; además, la nueva vejez está abriendo sectores de consumo y de servicios fundamentales para la economía de todos los países demográficamente evolucionados.

Lo que se ha alargado no ha sido la vejez, sino la juventud. Quienes nacieron en España a principios del siglo XX empezaron a trabajar a una edad promedio de 13 años y se convirtieron en adultos muy pronto, y en viejos también. Hoy en España se considera joven a una persona de 40 años. Ello guarda una relación directa con el apoyo y los recursos que los mayores transfieren a los más jóvenes, y con el simple hecho de que permanezcan vivos muchos más años. En un país con un estado del bienestar poco desarrollado y muy apoyado en la ayuda familiar, la proporción creciente de personas en edad madura o en su primera vejez ha sido de gran ayuda para el resto de edades. Son esas generaciones las que contribuyen a la sociedad mediante el cuidado de los nietos (ante la falta de ayudas públicas para la conciliación laboral y familiar, servicios de cuidados o guarderías) y de los mayores. Ha aparecido, por tanto, un nuevo actor social con un peso demográfico creciente que ha abierto nuevas posibilidades de relaciones y estrategias familiares. Pero, sobre todo, se ha democratizado la supervivencia hasta la vejez, lo que transforma por completo los ciclos vitales. No nos hallamos ante una repetición de antiguas decadencias como la del Imperio romano, ni ante el abandono juvenil de las zonas rurales. Asistimos al mayor triunfo de la humanidad desde sus inicios. No lo recibamos con miedo

Bibliografía:
  • El fin del envejecimiento. Tom Kirkwood. Editorial Tusquets, 1999.
  • La madurez de masas. J. Pérez Díaz. Imserso; Madrid, 2003.
  • The reproductive revolution. J. Machines y J. Pérez Díaz en The Sociological Review.
  • ¿Declive o Revolución demográfica?. F.C. Billari y G. Dalla Zuanna; Madrid, 2010.
Autor: Julio Pérez Díaz. Demógrafo y doctor en Sociología.




sábado, 15 de enero de 2011

STOP AL PARÁSITO MÁS LETAL DEL MUNDO


Carga mortal: El mosquito Anopheles transporta el parásito de la malaria,
responsable de enfermedad y muerte en la mayor parte del trópico.

Una nueva vacuna contra la malaria, un plan para inmunizar a los mosquitos y otras ideas novedosas han mejorado las perspectivas de erradicar la enfermedad.

Ahora mismo, en algún lugar del mundo, en una placa de Petri en Baltimore, en las glándulas salivales de un mosquito de laboratorio en Seattle o en el torrente sanguíneo de un aldeano de Ghana, existe un compuesto químico que puede ayudar a erradicar al microorganismo más mortífero de la historia de la humanidad. Se está trabajando con diversas vacunas experimentales contra la malaria y, por primera vez, una de ellas se halla en una fase avanzada de investigación en humanos. Aunque tan solo una de las vacunas demostrara una eficacia parcial, salvaría la vida de millones de niños y mujeres embarazadas. Representaría la única vacuna desarrollada hasta ahora contra un parásito humano, un logro digno de recibir el premio Nobel. Una primera generación de la misma podría distribuirse en África hacia 2015, más vale tarde que nunca.


MALARIA INOCULADOS EN GLÓBULOS ROJOS

Si todo va bien, dentro de cinco años podría administrarse a gran escala una vacuna a niños de entre 6 a 12 semanas de vida, afirma Joe Cohen, científico responsable de uno de los estudios más prometedores. Es un logro extraordinario, del que nos deberíamos sentir orgullosos como seres humanos. Sin duda, la investigación de la vacuna antipalúdica vive un momento de alza. Entonces, ¿por qué Regina Rabinovich no lo pregona a los 4 vientos?

Las vacunas contra la malaria han fracasado numerosas veces. Las nuevas técnicas han dado un nuevo empuje a un agente que podría proporcionar inmunidad de por vida. Este invierno terminarán los ensayos clínicos en fase finasl con una vacuna que se están desarrollando desde los años 80. Con ella se reducirán a la mitad los casos de la forma más letal de malaria. Mientras este trabajo avanza, se investigan al mismo tiempo otras vacunas, como una forma atenuada del parásito cultivada en los mosquitos. O la inmunización de los insectos, transmisores de la enfermedad. Debido a la dificultad que ha entrañado la lucha contra la malaria en el pasado, los investigadores moderan su entusiasmo y sus expectativas, por si fallan las nuevas vacunas.

Rabinovich es doctora de medicina y especialista en salud pública. Ha sido directora de la Iniciativa PATH para la vacuna antipalúdica y en la actualidad dirige los programas sobre enfermedades infecciosas de la Fundación Bill y Melinda Gates, entre ellos, uno de los mayores programas de I+D sobre la vacuna antipalúdica. Pero si se le pregunta sobre los progresos realizados en los últimos 5 años se limita a contestar: "algunas cosas empiezan a tomar forma". Rabinovich demuestra extrema precaución ante la posible difusión de datos y advierte que algunos estudios, sobre todo los que se hallan en las primeras fases, están condenados al fracaso.

Toda esa cautela tiene una explicación. Los expertos en malaria conocen de sobra los ciclos de entusiasmo y frustración. Y ahora, incluso a punto de obtener la primera vacuna antipalúdica, evitan el exceso de optimismo. En los años 60, una extensa campaña hizo desaparecer la enfermedad en muchos lugares del mundo y la hizo disminuir en otros. Pero el éxito duró poco. La malaria dejó de percibirse como una amenaza y los organismos sanitarios mundiales se mostraron satisfechos. Se demostró que del DDT, el arma principal empleada, resultaba tóxico para las aves y las campañas se recortaron en gran medida. Las cifras de la malaria ascendieron con más fuerza que antes. Mientras tanto, los científicos abandonaron este campo y las investigaciones sobre la vacuna se estancaron.




Resulta sorprendente y vergonzoso a la vez que, durante tanto tiempo, quienes financiaban la investigación no se ocuparan de la malariay, por tanto, no destinaran ayudas para su estudio. Por otro lado, no cuesta entender que se perdiera la esperanza de vencer la enfermedad. El microorganismo de la malaria es especialmente difícil de combatir. Hasta hace poco no se conocía bien el complejo ciclo biológico del parásito. Este se aloja en las glándulas salivales del mosquito, alcanza el torrente circulatorio del ser humano, permanece en el hígado durante un breve periodo de maduración, se reincorpora a la circulación sanguínea y, por último, retorna al cuerpo de un nuevo mosquito. Un pequeño grupo de científicos de la compañía farmacéutica GlaxoSmithKñine (GSK) hizo un intento serio de impulsar una vacuna a mediados de los 80. Trabajó con una proteína de superficie de Plamodium falciparum, la cepa más común y mortífera del parásito. Su primer intento fracasó y el parásito continuó cusando la muerte a un millón de personas al año.


Las circunstancias no pueden ser hoy más distintas. Gracias a una serie de innovaciones y a una gran inyección de dinero (sobre todo de la Fundación Gates, que desde 1994 ha donado 4500 millones de dólares para la investigación general de vacunas y ha prometido otros 10.000 millones para los próximos 10 años), en la actualidad están en marcha docenas de proyectos relacionados con la vacuna antipalúdica (aunque la mayoría en sus primeras fases de desarrollo). Por su parte, el grupo de GSK ha seguido trabajando con la vacuna experimental diseñada en el decenio de los 80 y ha conseguido una vacuna algo más prometedora, que ahora se halla en las fases finales de ensayos en humanos. Tras verificar la seguridad de la vacuna, se está sometiendo a una amplia serie de ensayos clínicos aleatorizados en 11 lugares de África, en los que un grupo de personas recibe la vacuna y otro un placebo. Aunque ninguna vacuna experimental había alcanzado tal fase, existen investigaciones clínicas preliminares sobre otras opciones asimismo muy prometedoras.

Estrategias de 3 vacunas prometedoras
Durante decenios los responsables de salud pública han intentado conseguir una vacuna que proporcionara una inmunidad de por vida frente al parásito de malaria y ayudara a erradicar la enfermedad. Dado el complejo ciclo biológico del parásito, hasta ahora los esfuerzos han resultado infructuosos. Pero en los últimos años, gracias a la provisión de nuevos fondos y a una avalancha de ideas innovadoras, la perspectiva ha cambiado drásticamente. Por primera vez, una vacuna ha llegado a la fase final de los ensayos clínicos y docenas de otras ideas se hallan en la primera fase de desarrollo. Se muestran aquí tres enfoques.

Bloqueo de la transmisión: la vacuna, inoculada a una persona, estimularía la producción de anticuerpos, que pasarían al intestino del mosquito cuando se alimenta. Allí impedirían que el parásito interactuara con una enzima necesaria para su supervivencia. La próxima vez que el mosquito picara a otra persona, carecería de parásitos que transmitirle.

Cultivo de parásitos atenuados: para producir nuevas vacunas, los investigadores se sirven a veces de un organismo infeccioso: lo debilitan de alguna manera e inoculan fragmentos del mismo en humanos con la finalidad de producir una reacción inmunitaria. La compañía Seattle BioMed ha utilizado este procedimiento. Irradia parásitos en fase de esporozoito para impedir que maduren y a continuación inyecta fragmentos del parásito en pacientes. En los primeros ensayors con humanos, esta vacuna ha conseguido un 100% de inmunidad frente a la malaria.

Reformulación de una vacuna tradicional: una vacuna de GlaxoSmithKline contra Plasmodium falciparum, una especie mortal del parásito, se halla en fase final de los ensayos clínicos. Una versión anterior de la vacuna fracasó en los ensayos, pero se reformuló con un adyuvante para mejorar la respuesta inmunitaria. La nueva versión parece reducir a la mitad el riesgo de contraer la variante grave de la enfermedad

Algunos estudios siguen una estrategia poco ortodoxa en la fase I (centrada sobre todo en pruebas de seguridad): se cultivan en el interior del cuerpo de los mosquitos parásitos genéticamente debilitados, que luego se extraen de las glándulas salivales para transformarlos en una vacuna. Una tercera clase de vacunas intenta inmunizar a los mosquitos, los transmisores del parásito, a partir de anticuerpos obtenidos del cuerpo humano. Según Rhoel Dinglasan, uno de los pioneros de esa estrategia, se pretende utilizar al ser humano para inmunizar de modo pasivo a los insectos. Es una idea un poco descabellada, afirma el científico.

Descabellada, pero con tiempo, suerte y esfuerzo puede convertirse en algo innovador. No obstante, para que tengan éxito algunas de esas posibles vacunas u otras que se hallan en una fase más temprana de desarrollo, deberán superarse primero una serie de obstáculo. Rabinovich afirma que ha llegado la hora de abordar esos retos, sin lo cual resulta imposible avanzar.

LA EFICACIA DE LA VACUNA

La vacuna experimental RTS,S diseñada por GSK se basa en la proteína de P. falciparum mencionada antes, denominada circunesporozoito o proteína CE. Pero ahora la vacuna cuenta con un nuevo elemento que refuerza su efecto. En los 80, se pretendía que la proteína CE sirviera por sí sola a modo de antígeno, la parte de la vacuna que desencadena la formación de anticuerpos u otras respuestas inmunitarias para destruir al parásito. Sin embargo, el sistema inmunitario no reaccionó ante la proteína CE, como se había planeado, por lo que se emprendieron investigaciones, que duraron 20 años, con el fin de reformular la vacuna. Para obtener una respuesta eficaz del organismo y que este produjera una cantidad suficiente de anticuerpos, se ensamblaron muchas copias de la proteína en un armazón químico. Según Cohen, el investigador de GSK que ha encabezado el trabajo sobre la RTS,S la idea consistía en sintetizar un compuesto más parecido al patógeno real.

Tras la reformulación, el cuerpo humano respondió con mayor intensidad, pero aún no lo suficiente para proporcionar una protección real frente al parásito (un problema habitual en numerosas vacunas experimentales contra distintas enfermedades). El aumento de la respuesta inmunitaria se consiguió tras otros 15 años de investigaciones. Al añadir una sustancia química se incrementaba la cifra de anticuerpos sintetizados por los linfocitos B. Este adyuvante también actuaba sobre los linfocitos T, que desempeñan una función importante en el mantenimiento de las defensas del organismo frente a la enfermedad.

En la actualidad, esta fórmula se está probando en los ensayos de la fase final, lo que constituye el mayor estudio sobre una vacuna antipalúdica jamás realizado. Un grupo de 16.000 niños, algunos de entre 6 y 12 semanas de vida, y otros algo mayores, entre 5 y 17 meses, ha comenzado a recibir la vacuna. Las inoculaciones finalizaron el pasado diciembre y los resultados comenzarán a conocerse a mediados del presente año. Según Christian Loucq, actual director de la Iniciativa PATH para la vacuna antipalúdica y organizador principal de los nuevos estudios, si estos datos y los de seguimiento resultan prometedores, deberá comprobarse a continuación el efecto de la vacuna en la vida real.

El efecto podría ser enorme y se salvarían cientos de miles de vidas al año, siempre que se logre una amplia distribución de la vacuna. Sin embargo, existen dos posibles obstáculos. El primero, su elevado precio. En total, el desarrollo y comercialización de la RTS,S puede costar cientos de millones de dólares, una cifra excesiva para su utilización en los países pobres. GSK ha dicho que fijará un precio muy bajo. Asimismo, espera que los consorcios internacionales y las organizaciones como UNICEF y la Alianza Global para las Vacunas y la Inmunización comprarán la vacuna y la distribuirán en los países africanos en vías de desarrollo, donde más se necesita.

El segundo obstáculo del RTS,S es que difícilmente funcionará tan bien como la mayoría de las vacunas de otras enfermedades, que suelen necesitar al menos un 80 % de efectividad antes de ser aprobadas. Hasta el momento, los mejores resultados de los ensayos de fase II indican que la RTS,S reducirá a la mitad, como mucho, los casos de malaria. En la mayor parte de las vacunas, ese efecto se consideraría insuficiente para su aplicación a gran escala. Sin embargo, la malaria representa una enfermedad tan devastadora que una eficacia del 50% podría considerarse un buen resultado, ya que significaría poder salvar 500.000 vidas al año.

Los niños muy pequeños demuestran una escasa protección natural y sufren con mayor frecuencia las formas graves de malaria. Las víctimas de más edad adquieren cierto grado de inmunidad tras infecciones repetidas y presentan afecciones más leves a medida que envejecen. Desprotegidos, los niños pueden quedar con alteraciones neurológicas de por vida. A veces incluso, algunos jóvenes se infectan tras ser vacunados y contraen una enfermedad leve, no mortal.

INVESTIGACIÓN CONTRA LA MALARIA EN LAS ZONAS ENDÉMICAS

En Barcelona (España) tradicionalmente se ha estudiado las enfermedades tropicales. El Hospital Clínico de la Universidad de Barcelona, único centro sanitario español de tercer nivel que cuenta con un Servicio de Medicina Tropical y Salud Internacional, sembró a principios de los años 80 la semilla de lo que posteriormente se convertiría en el Centro de Investigación en Salud Internacional de Barcelona (CRESIB), dedicado a la investigación de las enfermedades que más afectan a los países pobres y que, a los ojos de la ciencia occidental, están claramente desatendidas. Entre ellas destaca, por encima de todas, la malaria o paludismo, una infección parasitaria presente todavía en 108 países del mundo y que mata a más de 850.000 personas al año, fundamentalmente a niños africanos.

La aproximación de este centro es multidisciplinar y traslacional. Abarca desde estrategias epidemiológico-clínicas hasta el estudio molecular y genético de las bases de la malaria. Además, si el foco de atención inical se limitaba a Plasmodium falciparum, la especie más predominante en África y principal responsable de los casos letales, este se ha ampliado en los últimos años para incluir a Plamodium vivax que, a pesar de no ser tan mortífera, afecta a numerosas personas en todo el mundo. El CRESIB ha coordinado además la elaboración de la agencia científica para la erradicación global de la enfermedad (MaIERA, malera.tropika.net), un proceso recientemente concluido que ha involucrado a los principales actores internacionales de la investigación en este campo.

Desde sus orígenes, el CRESIB ha entendido que la investigación debía hacerse allá donde está el problema, en colaboración con los científicos e instituciones de los países endémicos. En el contienente africano, lugar dónde se producen cerca del 90% de los fallecimientos atribuibles a la malaria, la labor ha sido desarrollada en gran medida por científicos extranjeros que suplían la ausencia de científicos africanos. En este contexto, desde Barcelona se apoyó en 1996 la creación del Centro de Investigación en Salud de Manhiça (CISM), un pequeño centro en el sur de Mozambique cuya misión es investigar las enfermedades con un mayor impacto en el país (y por extensión en África) y formar investigadores mozambiqueños en los máximos estándares internacionales. En poco más de un decenio, el CISM se ha convertido en uno de los centros de referencia internacional de la investigación biomédica.

Desde el CISM se ha contribuido al estudio y creación de diferentes herramientas cruciales en la lucha contra la malaria y, en particular, al desarrollo clínico de vacunas y fármacos, tanto para la prevención como para el tratamiento de la enfermedad. Se trata de un área de alto interés, debido a lo limitado del arsenal terapéutico actual y al riesgo de aparición de resistencias farmacológicas en el parásito. El CISM ha liderado ensayos clínicos indispensables para el registro de nuevas combinaciones antipalúdicas, como la dihidroartemisinina-piperaquina (Eurartesim) o una formulación específicamente pediátrica a base de artemether y lumefandrina (Coartem), muy útil para asegurar la administración adecuada del tratamiento a los niños más pequeños.

El CRESIB y el CISM han coordinado además un consorcio mundial para introducir el tratamiento intermitente preventivo, una nueva estrategia que aboga por la administración de dosis de antipalúdicos con potencial terapéutico y profiláctico, aprovechando el contacto de los recién nacidos con los centros de salud para las vacunaciones del primer año de vida. La estrategia, que ha demostrado reducir hasta un 30% de los casos de malaria en el primer año de vida, ha cumplido ya todas las evaluaciones y recientemente ha sido apoyada y recomendada por la OMS como un nuevo instrumento para luchar contra la malaria. De igual forma, se están evaluando aproximaciones similares para la prevención de la malaria en la mujer embarazada, el otro gran grupo de riesgo.

Sin embargo, el área donde el CRESIB y el CISM han colaborado de forma más activa y obstinada ha sido en la elaboración de una vacuna contra la malaria. Como en otras enfermedades, la obtención de una vacuna eficaz y segura que permitiera proteger a las poblaciones más expuestas a la infección representaría una hazaña extraordinaria. Pero ello ha supuesto desde siempre un reto formidable. La ausencia de modelos animales que reproduzcan fielmente la enfermedad en el humano, así como la falta de un conocimiento detallado de la inmunidad inducida por el parásito, responsable de la protección adquirida, han constituido enormes barreras al desarrollo de vacunas. Así, ante la falta de marcadores de protección serológicos que confirmen la eficacia de una vacuna experimental, esta debe determinarse mediante ensayos en humanos donde se evalúe la reducción de la incidencia de la enfermedad en las zonas endémicas. Paradójicamente, es en estos países donde existen más dificultades logísticas para llevar a cabo grandes ensayos clínicos, por lo que la demostración de la eficacia conlleva un esfuerzo extrmo. El CISM ha sido pionero en la realización de este tipo de ensayos. A principios de este siglo, la vacuna RTS,S, basada en secuencias repetidas del circumsporozoito, había demostrado una protección moderada y de corta duración (no más de 8 semanas) tanto en voluntarios no inmunes expuestos a mosquitos que transmiten la malaria como en adultos hiperinmunes. Pese a su interés científico, esos datos estaban sujetos a cierta controversia y no inducían al optimismo sobre el potencial de esta vacuna.

El binomio CRESIB/CISM se embarcó en liderar el desarrollo clínico de la RTS,S y explorar de forma rigurosa y sistemática sus posibilidades. Con este fin, durante el último decenio ha protagonizado diversos estudios críticos, entre ellos la primera prueba de seguridad, inmunogenicidad y eficacia clínica del producto en niños africanos de 1 a 4 años de edad en zonas con un elevado riesgo de malaria (datos publicados por Alonso et al., en The Lancet, 2004). Los primeros resultados indican que la eficacia clínica frente a episodios no complicados es algo superior del 50%. La duración de la protección supera los 40 meses. También se han realizado los primeros ensayos que demuestran la seguridad y eficacia de la vacuna en recién nacidos. Además, se han obtenido los primeros datos sobre la inducción de respuesta inmunitarias, tanto humorales como celulares. Los resultados de esos estudios han contribuido de forma determinante a lanzar el primer ensayo de fase III para el registro final de una primera generación de vacunas con posibilidad de ser aplicadas a gran escala. El registro de la vacuna, y su posterior implementación a través de los programas ampliados de vacunación de aquellos países donde la malaria es endémica, será sin duda el triunfo de la ciencia llevada al terreno. Ciencia para el desarrollo que redunda en la creación de instituciones científicas africanas de primer nivel, lideradas por científicos africanos. (Quique Bassat y Pedro Alonso. Centro de Investigación en Salud Internacional de Barcelona (CRESIB) y Centro de Investigación en Salud de Manhiça (CISM))

En África, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la UNICEF ya ofrecen vacunas contra otras enfermedades como la polio y la difteria a niños muy pequeños, de unos 3 meses de edad, un momento muy apropiado para recibir la vacuna RTS,S. Se pretende que la vacuna de la malaria se incluya en ese sistema de administración de vacunas, comenta Cohen. Toda la infraestructura ya existente para aplicar las vacunas podría acelerar el camino de la RTS,S del laboratorio al paciente. El coste de las inoculaciones se rebajaría en gran medida, ya que no se necesitarían nuevas redes de distribución. Pero hay aún algunos aspectos por definir, como la frecuencia de las dosis de refuerzo de la vacuna (lo que implicaría el regreso de los niños a la clínica), además de otras cuestiones de logística.

La vacuna RTS,S presenta otros inconvenientes, como el hecho de ofrecer protección frente a cepas africanas de P. falciparum y no frente a otras que circulan en el resto del mundo. Además, su eficacia del 50% significa que la vacuna nunca podrá utilizarse para eliminar la malaria, es decir, no se conseguirá el principal obejtivo del desarrollo de una vacuna.

Si se quiere emplear la RTS,S para la erradicación, los investigadores deberán reformularla de nuevo o administrarla junto a un nuevo componente. Para su próxima versión de la RTS,S, los investigadores de GSK se centran ahora en un enfoque de estimulación y refuerzo (prime boost), las estrategia en dos fases que ha demostrado cierta efectividad en los primeros ensayos con la vacuna del VIH. Tanto la parte de estimulación como la de refuerzo de esta nueva vacuna presentan la proteína CE al cuerpo, pero de forma distinta, con lo que seguramente se obtiene una mayor respuesta inmunitaria. Eso se espera al menos de ella, pero hasta ahora se ha experimentado solo en animales de laboratorio. Si este nuevo intento de reformular la RTS,S lleva tanto tiempo como los anteriores, podrían pasar otros 15 años antes de que una versión totalmente eficaz de la vacuna se incorporara a la salud pública.

ZONAS DE RIESGO
Una campaña mundial de vacunación para erradicar la malaria o disminuir su incidencia debe dirigirse a aquellas poblaciones de mayor riesgo. Para actualizar los datos epidemiológicos, desfasados desde hace decenios, el Proyecto Atlas de Malaria, una colaboración de la Universidad de Oxford, el instituto de Investigación Médica de Kenia y la fundación Wellcome Trust, reunió miles de informes locales sobre la prevalencia del parásito para calcular el riesgo de contraer la enfermedad. El mapa que se ilustra refleja las regiones vulnerables a la malaria.

LOS MOSQUITOS VERSUS LABORATORIOS VIVIENTES

Además de recibir la vacuna RTS,S y figurar entre ese afortunado 50 % de personas en las que actúa, hay otro modo de adquirir la inmunidad frente a la malaria sin necesidad de padecerla. Algunos mosquitos transmiten parásitos genéticamente debilitados. Cuando estos alcanzan el hígado en el cuerpo humano, en vez de desarrollarse hasta su forma adulta como hacen habitualmente, permanecen allí bloqueados y mueren, sin posibilidad de madurar. Mientras tanto, el organismo fabrica anticuerpos contra ellos y logra así la inmunidad para el resto de la vida. Investigadores de la Marina de los EEUU. descubrieron un fenómeno en los años 70. Dos decenios más tarde, algunos científicos volvieron a fijar su atención sobre él. Dos de ellos, Stefan H. Kappe, de Seattle BioMed, y Stephen L. Hoffman, director ejecutivo de Sanaria, en Rockville (Maryland), han puesto en marcha laboratorios de cría de mosquitos, de cuyas glándulas salivales extraen parásitos debilitados que luego convierten en una solución apropiada para una vacuna.

Existen dos maneras de dañar el ADN del parásito de la malaria antes de cultivar el microorganismo en el interior de los mosquitos. El modo de proceder de Seattle BioMed es preciso: destruyen solo los genes responsables de la maduración del parásito en el hígado humano.

En la actualidad el equipo de Kappe modifica solo dos genes responsables de que el parásito construya una membrana a su alrededor mientras se alberga en las células hepáticas. Parece que la membrana impide a las células darse cuenta de la infección. Pero sin la membrana, los parásitos provocan de inmediato el suicidio de la célula hepática, que así evita alojarlos. En centenares de ratones, algunos de ellos transgénicos con hepatocitos humanos, el equipo de Kappe ha inoculado su parásito y ha obtenido una protección del 100 % contra la malaria. El hígado no ha sufrido ningún daño en el proceso, ya que tan solo se introducen en el organismo unos diez mil parásitos; aunque todos ellos alcanzaran el hígado, el número máximo de células destruidas sería muy pequeño si se compara con los millones de células que forman la víscera (que, además, puede regenerarse). Ya se ha puesto en marcha un ensayo clínico de fase I, en el que 20 personas que han recibido dosis múltiples de la vacuna se someterán la próxima primavera a la picadura de mosquitos con el parásito.

Otra forma más tradicional de neutralizar el ADN del parásito de la malaria para garantizar la seguridad de la vacuna consiste en la irradiación. Debido a sus ventajas, se trata del método empleado por Sanaria, la compañía biotecnológica de Hoffman. La irradiación altera el código en más de dos lugares, por lo que representa una manera más fiable y completa de que el parásito no se reproduzca una vez haya alcanzado el hígado. Sin embargo, Hoffman no está convencido de que la irradiación por sí sola inhiba los genes diana, motivo por el cual utiliza también el métdo anterior. Hasta que no compruebe empíricamente ambos métodos, no sabrá cual de ellos funciona mejor.

Hoffman conoce muy bien el valor de los estudios empíricos. El verano pasado, durante el ensayo clínico de fase I con la vacuna esporozoítica irradiada, pudo constatarlo. La Agencia Federal de Fármacos y Alimentos (FDA) había autorizado a Sanaria llevar a cabo un ensayo con 100 personas. Cuando obtuvo el permiso, Hoffman pensaba que un mosquito inoculaba de 5 a 10 parásitos en una picadura.. Basó la potencia de sus dosis, es decir, la cantidad de parásitos que debía contener su vacuna, en ese supuesto. Más tarde verificó que el mosquito introduce un número muy superior de parásitos, entre 300 y 500, por lo que la dosis de su vacuna resultaría sin duda insuficiente. Se dio cuenta de ello a mitad del estudio, cuando ya era demasiado tarde para modificar el diseño del experimento. Aunque las bajas dosis empleadas ofrecieran cierta protección frente a la malaria, no fueron tan eficaces como la RTS,S. Hoffman espera ahora comenzar un nuevo ensayo de fase I. Ha aumentado la concentración de parásitos en su vacuna y ha cambiado el modo de administrarla.

INMUNIZACIÓN DE LOS MOSQUITOS

ALTERNATIVAS A LA VACUNA

El DDT, un insecticida prohibido, ha vuelto ha emplearse en el interior
de las viviendas, donde es menos perjudicial. Puede eliminar los mosquitos
de una zona habitada sin causar daños ambientales devastadores

Las mosquiteras, que protegen de los mosquitos, ofrecen una solución
atractiva por su bajo coste, la sencillez de uso y su probada eficacia para
disminuir la incidencia de la enfermedad.

Se han  realizado experimentos con larvas de mosquito transgénicas que
impiden la transmisión del parásito. Si estos insectos compitieran con los
otros mosquitos y los sustituyeran, la malaria quedaría fuera de juego.

Vista la dificultad que entraña inmunizar a los humanos frente a la malaria, ¿por qué no intentar vacunar al mosquito?. Toda vacuna debe romper el ciclo de transmisión del parásito pero, hasta ahora, se ha ignorado una de las fases del ciclo: el momento en que el insecto pica a la persona infectada y, a través de la sangre de su víctima, adquiere a su vez el parásito. Si se pudiera detener el desarrollo del parásito en el cuerpo del mosquito, el microbio moriría y ya no podría transmitirse a un nuevo huésped humano. En consecuencia, el número de enfermos caería en picado. Dinglasan, joven biólogo molecular de la Universidad Johns Hopkins y natural de Filipinas (donde ha visto numerosos casos de la enfermedad), tuvo una idea para llevar a cabo ese objetivo. Hasta ahora solo ha realizado experimentos con ratones y se muestra cauto sobre la posible eficacia del método en humanos.

Cuando el parásito de la malaria se introduce en el cuerpo del mosquito, intenta de inmediato alojarse en su intestino y busca una enzima específica del tejido digestivo del insecto, una aminopeptidasa. Si no la halla en las próximas 24 horas, el microorganismo será digerido y la infección en el mosquito no prosperará. Si se ofrece a los insectos anticuerpos contra la aminopeptidasa, obtendrán protección frente a la malaria.
En primer lugar la vacunación de niños africanos
en ensayos clínicos de fase final.

La salud pública, en primer lugar.

En teoría, los anticuerpos se sitúan alrededor de la enzima y la enmascaran; impiden así que el parásito la localice. Dinglasan ha aislado un fragmento específico de la enzima propia de los mosquitos y lo ha inoculado a ratones que, como consecuencia, han sintetizado anticuerpos contra la enzima. Los mosquitos que pican a los ratornes adquieren esos anticuerpos, que no parecen degradarse en el tubo digestivo. los insectos quedan así inmunizados, de modo involuntario. Como el parásito no sobrevive en su interior, no lo transmiten a otros huéspedes mamíferos. Pero aún falta comprobar si la estrategia, que Louq considera una especie de mosquitera inmunitaria, funciona también en humanos.

Este enfoque presenta algunos inconvenientes, sobre todo, la reticencia de las personas ante una vacuna que protege a los mosquitos, pero no a los humanos, al menos no de forma inmediata. (Uno puede vacunarse y, sin embargo, infectarse por un mosquito que anteriormente adquirió la malaria de alguien no inmunizado). Al final, el número de enfermos disminuirá porque habrá un menor número de mosquitos infectados en el entorno. Pero, al principio, algunos de los vacunados caerán igualmente enfermos y algunas personas que antes se sentían bien sufrirán efectos secundarios. En cierta manera, se habrá transgredido la norma principal de la medicina de <<NO HACER DAÑO>>.

Existen precedentes en cuanto a vacunarse para proteger a otras personas (como los hombres que se inmunizan frente al virus del papiloma humano: su riesgo de contraerlo es bajo, pero si se vacunan protegen a sus parejas sexuales). A largo plazo, una vacuna que impida la transmisión del parásito resultaría tan eficaz, o más, que una tradicional que inmunice a  la persona vacunada. Aunque muchos opinan que no hay un beneficio directo, Dinglasan defiende que sí lo hay, solo que más tardío.

La estrategia cuenta además con otras ventajas inexistentes en otras vacunas. Por motivos técnicos, cuando se fabrique a gran escala resultará menos costosa que la RTS,S o las vacunas de Sanaria y Seattle BioMed. El antígeno se manifiesta en las cuarenta especies de mosquitos que transmiten la malaria, por lo que la vacuna podría funcionar en todas ellas. Los anticuerpos parecen eficaces no solo frente a P. falciparum, el parásito de la malaria más frecuente en África, sino también frente a P. vivax, más abundante en Asia. La RTS,S no actúa contra P. vivax, ya que la proteína CE, objetivo de la vacuna, es diferente en las dos especies de parásitos.

Las pruebas realizadas por Dinglasan en ratones han demostrado un 100% de eficacia de la vacuna frente a P. falciparum, y un 98% frente a P. vivax en Tailandia. Ello es importante en la práctica ya que, idealmente, una vacuna contra la malaria debe poseer una utilidad universal. Resulta demasiado caro fabricar muchas vacunas diferentes. Y las arcas de los donantes no son inagotables, como muchos piensan, advierte Dinglasan.

Las arcas todavía tardarán en abrirse para él. Su proyecto todavía se halla en la fase de viabilidad, es decir, intenta saber cuánto antígeno puede conseguir su laboratorio. Solo después de ofrecer resultados fiables, lo que prevé hacer en febrero, empezará a pensar en las aplicaciones prácticas. ¿Se podrá usar esta vacuna combinada con la RTS,S?¿Cuánta sangre humana deberá extraer el mosquito para quedar inmunizado?¿Cuánto tiempo llevará la transición de los ratones a las personas?

Dinglasan contestará a estas cuestiones y a otra de mayor entidad: ¿es necesario erradicar la malaria en todo el mundo de una vez por todas? Aún sin contar con una vacuna potente, ya es posibel controlar la enfermedad mediante mosquiteras y medicamentos que pueden prevenirla o tratarla, como la cloroquina, la artemisina y el malarone. Pero tal vez resulte imposible eliminarla por completo. Las mosquiteras fallan; los mosquitos desarrollan resistencias a los insecticidas con los que se impregnan las mosquiteras y sus usuarios quizá no siempre están dispuestos a dormir bajo ellas. Las mosquiteras evitan la transmisión de la enfermedad si se utilizan en un entorno muy controlado, pero el ser humano sigue poco las normas, apunta Dinglasan. La mayoría de los niños duerme bajo ellas, pero los adultos beben fuera de las cabañas y el alcohol atrae a los mosquitos. El científico ha comprobado además que las mosquiteras tratadas con insecticida matan a los mosquitos del interior de las casas, pero pronto ocupan su lugar los mosquitos del exterior.

La medicación preventiva sirve más a los viajeros que a los habitantes de los países en desarrollo: pueden provocar molestias y deben tomarse continuamente; además, resultan caras. Otras de las medidas que ayudaron al primer mundo a librarse de la malaria, como el drenaje de las zonas pantanosas o la fumigación generalizada con DDT, son impracticables en el tercer mundo.

A día de hoy, estas son las únicas operaciones sobre la mesa. Los investigadores están muy ocupados estudiando el genoma del parásito y determinados aspectos del genoma humano que pueden ofrecer cierta resistencia ante la enfermedad. Estos proyectos pueden proporcionar nuevas y sorprendentes pistas. Incluso se habla de estrategias de control de la malaria que suenan algo extrañas, como la liberación en la naturaleza de mosquitos transgénicos resistentes a la malaria para que compitan con los de tipo salvaje. Según Dinglasan, lo importante es asegurarse de que la comunidad sanitaria internacional mantiene su compromiso durantee largo tiempo.

Bibliografía:
Autora Mary Carmichael, redactora de Newsweek de temas de salud y ciencia.